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Rododendro: Crónicas de Rockville (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Rododendro: Crónicas de Rockville
Autores: Rubén Aído Cherbuy
Editorial: Grupo Planeta
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 1.71MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Terror
Páginas: 267
ASIN: B01LZYSXYL
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

«Rockville. Siete de la mañana. Un policía descubre una escena insólita: alguien ha entrado en unos almacenes de la policía. ¿Qué se ha llevado? Información que podría ser peligrosa en manos equivocadas. ¿Qué ha dejado? Un rododendro. Una flor que reavivará un dolor casi insoportable.

Sandy Strunk, un expolicía reconvertido en investigador privado, se verá implicado en el caso a través de un amigo que exige su ayuda, el jefe de Policía. Pero pronto descubrirá que los focos siempre estuvieron sobre él. Un asesino cargado de un horrible rencor pondrá en Jaque a la policía desplegando un juego de maldad, dolor y muerte, con un final preestablecido: colocar a Sandy cara a cara con la muerte una vez más.

Teme al Hombre Ilusorio. No puedes verlo, pero está en todas partes.»

Leer el primer capítulo:

En aproximadamente cinco minutos, Jane Clemens estaría muerta. No lo
sospechaba; ni tan siquiera era una corazonada. Tenía la absoluta certeza de
que así sería y deseaba que pasara cuanto antes. Corría y, a su espalda, gritos
enfurecidos la perseguían, gritos depredadores, letales, armados y sin

escrúpulos como quien los arrojaba al viento. La lluvia le enturbiaba la vista
casi tanto como los mechones de pelo mojados al golpearle como latigazos en
la cara. Nada que estuviera a su alcance podría evitar su inminente final.
Nada, porque, al igual que sabía que pronto moriría, conocía aquello que la
detendría de un momento a otro, dando comienzo a ese desenlace.

El callejón que parecía no tener fin se iluminó. Y una furgoneta que
avanzaba frente a ella se fue deteniendo con el rugir del motor ahogando el
sonido de la lluvia. A estas alturas, las piernas ya no le respondían y Jane
notaba el corazón en la garganta. Una vez más, advertía que nada era nuevo,

que cada instante seguía un patrón que conocía al detalle. Del vehículo bajó
una enorme sombra amenazante que avanzó hacia ella sin vacilar. Preparada
para darlo todo por terminado en aquel callejón, cerró los ojos con fuerza,
sabiendo que pronto dejaría de estar allí y que notaría el cese de la lluvia,
sustituida por la humedad y el silencio nocturno del bosque que la

contemplaría morir. Pero sin espacio para vérselo venir, notó un fuerte tirón
que la apartó de la trayectoria de un golpe seguro. ¿Qué era aquello? Por
primera vez desconocía lo que estaba ocurriendo y la embargó una extraña
emoción.

Intrigada, abrió los ojos de par en par, de golpe. No estaba en el
callejón ni tampoco en el bosque, sino en el asiento trasero de un vehículo que
avanzaba a toda velocidad en la noche más oscura y emborronada de todas.
No podía diferenciar nada al mirar a través de las ventanillas ni tampoco
reconocer al conductor en la penumbra, como si no importara su presencia en
esa escena. No había ni rastro de quien la hubiese metido allí. Estaba sola allí
detrás.

«Eh», llamaron su atención. Jane se volvió sobresaltada y descubrió que
en realidad había alguien a su lado. ¡Era él! Estaba allí, la había salvado.
Aquello no era lógico ni posible…, nunca podría serlo. A esas alturas, elladebería estar en el bosque y no junto a Jeremy, su querido hermano. ¿Qué
significaba?

«Cálmate, sabes que estás a salvo. Ya no puede hacerte daño.» La abrazó
suavemente mientras le acariciaba el pelo, que ya no estaba mojado; su ropa
tampoco. De hecho, ya no llevaba aquella vieja sudadera que tanto le gustaba
en su adolescencia. Su ropa había cambiado y ella también. Era la Jane actual,
la mujer en la que se había convertido con el paso de los años. «¿Sabes por
qué estoy aquí? —seguía preguntándole Jeremy—. Recuérdame, Jane,
recuérdame hasta el fin.

Aún estoy contigo y, de una forma u otra, siempre lo
estaré.» Él pareció notar su desconcierto, pero no se molestó: era como si
intuyera de forma natural sus reacciones y obraba en consecuencia, con
delicadeza y comprensión.
Una inquietante carcajada procedente de la parte delantera del coche
interrumpió aquel hermoso momento. Había comenzado como una leve risa
molesta, pero pronto las risotadas llenaron todo el coche, como abejorros
zumbando un día de primavera. Jane se horrorizó al reconocer a aquel que
conducía a toda velocidad penetrando en la oscuridad: Tom, su verdugo, a
quien amó sin conocer.

Aceleró aún más, dirigiéndoles sin vacilar hacia un
precipicio salido de la nada que acabaría por esparcirlos en el mar, esa vasta
y oscura masa de agua que brillaba bajo la luna llena, extendiéndose sin fin.
Tom siguió riendo mientras la gravedad se distorsionaba en el interior de
aquel coche. Jane se despegó del asiento, estirando los brazos hacia su
hermano, que se alejaba de allí, desapareciendo en la oscuridad que se cernía,
hasta que la violenta colisión se fusionó con la negrura del exterior.
Jane volvió a abrir los ojos cautelosa. El silencio y el rocío de la noche
le confirmaron que ahora sí se encontraba donde debía.

No muy lejos de allí,
Tom, una vez más, la buscaba entre las sombras que el reflejo de la luna
creaba tras cada tronco. Pronunciaba su nombre alargando las sílabas,
provocando escalofríos en todo su ser. La muerte se acercaba junto con él. El
río volvía a su cauce y ella sería libre tras la muerte.

Rododendro_ Cronicas de Rockvil – Ruben Aido Cherbuy.epub
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