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Cuando el antro sagrado cierra (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Cuando el antro sagrado cierra
Autores: Lawrence Block
Serie: VI de Matt Scudder
Editorial: Acantilado
Fecha: 01 ene 2020
ASIN: B00E58JBXA
Tamaño: 0.94MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros juveniles
Páginas: 312
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Matt Scudder fue policía de Nueva York. Ahora es un detective sin licencia que saca las castañas del fuego a sus amigos. Se divorció de su mujer, y ahora vive en un modesto hotel del West Side. Pero su verdadero hogar se encuentra en cualquiera de los bares de su zona; la clientela habitual forma su

familia. Corre el verano de 1975, y Matt anda comprometido con varios favores a amigos. En primer lugar, debe salvar de sospechas a Tommie Tillary, un hombre de negocios de ropas estridentes cuya mujer ha sido asesinada. Matt Scudder no dejará de beber ni un instante, pero se mantendrá lo suficientemente lúcido como para encontrar la solución, hallando la inspiración en el fondo de la botella.

Leer el primer capítulo:

Si no tienen los libros.
—Claro que tienen los libros. Los libros han desaparecido y tenemos esa voz que nos llama
por teléfono.
—Supongamos que alguien no tiene los libros, pero sabe que han desaparecido. Si ese alguien
no tiene que demostrar que se encuentran en su posesión, puede aprovechar la oportunidad de
sacaros algunos dólares.
—Algunos dólares —dijo John Kasabian.
Skip dijo:

—Pero entonces, ¿quién tiene los libros? ¿Los federales? Quieres decir que podrían tenerlos y
estar preparando una acusación contra nosotros mientras nosotros pagamos un rescate a alguien
que tiene esa mierda. —Se levantó y rodeó el escritorio—. Joder, me encanta —dijo—. Esta idea
me encanta. Me gusta tanto que podría casarme y tener hijos con ella. ¡Por Dios!
—No es más que una posibilidad, pero creo que tenemos que tenerla en cuenta y estar
preparados.
—¿Cómo? Todo está listo para mañana.
—Cuando él llame, dile que te lea una página de uno de los libros.
Me miró.
—¿Se te ha ocurrido eso ahora? ¿Ahora mismo? Quedaos aquí. —Kasabian le preguntó
adónde iba—. A por dos Carlsbergs más —respondió—. La jodida cerveza estimula las ideas.
Deberían utilizar esta frase en los anuncios.
Trajo dos botellas. Se sentó en el borde del escritorio y balanceó los pies mientras se bebía la
cerveza directamente de la botella marrón. Kasabian seguía en su silla y estaba despegando la
etiqueta de su botella. No tenía prisa por bebérsela. Teníamos nuestro consejo de guerra reunido,
estábamos planeándolo todo. John y Skip irían y, por supuesto, yo.
—Y también estaba pensando que podría venir Bobby —sugirió Skip.
—¿Ruslander?

—Es mi mejor amigo, sabe lo que está pasando. No sé si podría hacer algo cuando la mierda
empiece a salpicar, pero ¿quién podría? Yo iré armado, pero si se trata de una trampa, imagino
que ellos dispararán primero, así que, de todos modos, no creo que una jodida pistola pueda
servirme de mucho. ¿Conoces a alguien que quiera unirse?
Kasabian negó con la cabeza.

—Había pensado en mi hermano —dijo—. Es la primera persona que se me ha ocurrido, pero
¿qué tiene que ver Zeke en toda esta mierda? ¿Me entiendes?
—¿Y qué tienen que ver los demás? Matt, ¿tú tienes a alguien a quien quisieras traer?
—No.

—Estaba pensando en Billie Keegan —dijo Skip—. ¿Qué opinas?
—Es una buena compañía.
—Sí. Es verdad. Pensándolo bien, ¿quién necesita buena compañía? Lo que necesitamos es
artillería pesada y apoyo aéreo. Hay que organizar el encuentro y colocar barreras de mortero en
sus posiciones. John, cuéntale lo de las palas con el mortero.
—Oh —exclamó Kasabian.—Cuéntaselo.
—No es más que una cosa que vi.

—Una cosa que vio. Escucha.
—Fue no sé cuándo, hace un mes o así. Estaba en la casa de mi chica, ella vive en el West
End, en los Eighties. Resulta que voy a sacar a su perro y al salir del edificio y cruzar la calle en
diagonal, me encuentro a estos tres tíos negros.
—Así que se da la vuelta y vuelve a entrar en el edificio —añadió Skip.
—Ellos ni siquiera miran en mi dirección —continuó Kasabian—. Llevan chaquetas como
militares y uno lleva una gorra. Parecen soldados.
—Cuéntale lo que hicieron.

—Bueno, cuesta creer que yo viera esto de verdad —dijo. Se quitó las gafas y se masajeó el
puente de su nariz—. Echaron un vistazo alrededor y, si me vieron, decidieron que no tenían que
preocuparse por mí…
—Eran unos tíos con un buen ojo para la gente —terció Skip.
—… y entonces van y colocan el mortero, como si lo hubieran hecho miles de veces antes, uno
de ellos mete una bala y disparan al Hudson. Es una diana fácil, están en la esquina y pueden ver
el río con claridad. Siguen sin fijarse en mí y se hacen una señal con la cabeza, bajan el mortero,
lo guardan y salen corriendo.
—¡Jesús! —dije.

—Ocurrió muy deprisa —dijo— y pasó casi desapercibido. Me pregunté si me lo habría
imaginado. Pero ocurrió.
—¿Sonó muy fuerte el disparo?
—No, no mucho. Se oyó el ¡Bump! que hace un mortero, pero si hubo una explosión cuando el
disparo dio al agua, eso no lo oí.
—Probablemente fue un cartucho de fogueo —dijo Skip—. Seguro que estaban, ya sabéis,
probando el mecanismo, comprobando la trayectoria.
—Sí, ya, pero ¿para qué?

Cuando el antro sagrado cierra – Lawrence Block.epub
Cuando el antro sagrado cierra – Lawrence Block.pdf

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