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El cuento de nunca empezar (Pdf o Epub)

Ficha

Título: El cuento de nunca empezar
Autores: Begoña Aznárez
ASIN: B07VFSWTYM
Editorial: 13insurgentes
Fecha: 25 dic 2019
Tamaño: 0.75MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros juveniles
Páginas: 267
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Ana pierde a su madre el día de su boda. Es un 21 de junio, el día en que, además, cumple 32 años.

A partir de ese momento descubre que su madre, Charo, no era exactamente la mujer que ella creía que era. Encuentra secretos, patrones repetitivos, farsas y, enredado en todo ello, unos hilos… Esos que conforman lo que conocemos como destino y que Ana siente, cada día, más pesados y peligrosos.

Entonces se decide a escribir, generando un diálogo póstumo con su madre.

Leer el primer capítulo:

Primer comienzo
“Así, resulta que la paz es una trampa, la guerra es una trampa, el cambio es una trampa, la
permanencia es una trampa. Cuando llegue nuestro día por la victoria de la muerte, ésta cerrará el
círculo; nada podemos hacer, con excepción de ser crucificados y resucitar, ser totalmente
desmembrados y luego vueltos a nacer”. Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.

Me casé el mismo día en que murió mi madre y, según el informe de la autopsia, parece que
mientras yo pronunciaba el sí quiero, Charo Betún Acuí agonizaba en la terraza de su casa frente a
una taza de café. Era un 21 de junio. Era el día de mi 32 cumpleaños. Fue un insólito día de
lluvia…

***

¿Quién puede creer en la casualidad? Tal vez aquel que no sepa reconocer las
coincidencias que de seguro habitan en su existencia. Pero yo ya no tengo más remedio que
creer que hay unos hilos. Los hilos están, los he visto y tocado. Es más, me atrevo a confesar
que he experimentado, con igual dosis de recelo y pasión, el suave balanceo que produce el
desplazarse sobre esa tenue urdimbre de hebras que a todos nos rodea.

Puede que se trate de una de esas experiencias que aun sospechada como colectiva no suele
compartirse y así, tiende a negarse, a extraviarse en la memoria, a desgajarse… Puede…

***

Aquel 21 de junio fue un día anormal ya desde el comienzo pues amaneció con niebla en
Madrid. La niebla fue cediendo el paso a una lluvia fina pero constante que después de
convertirse en sol hacia el mediodía derivó en una tarde tormentosa y oscura. Quizá los elementos
me avisaban a su manera o, tal vez, solo preparaban el escenario para el drama que iba a tener
lugar. ¿Acaso no gozaba el cielo del derecho a involucrarse después de tantas imprecaciones,

ruegos e interrogantes como le había estado lanzando yo durante las últimas semanas? En mi
cabeza, la tragedia estaba ya en progreso. Y en ella, la protagonista era la ausencia de mi madre.
No sé por qué empezamos sin ella. Tampoco qué mecanismo hacía avanzar la película.

En la ausencia de mi tío Miguel ni siquiera había reparado y supe que no había acudido a la
corta ceremonia civil cuando, poco más tarde, ya fuera del juzgado, su voz tronó a mi espalda
como el grave rugido de un dios iracundo:
– “Tu madre ha muerto, está en el depósito de cadáveres, van a practicarle la autopsia.”

No sé qué me produjo más sobresalto, si fueron sus palabras o la mano helada que apoyó
sobre mi hombro desnudo al vomitar apresuradamente su mensaje en mi oído.
– “¿Qué?”- “¡Que tu madre ha muerto carajo! Y la policía cree que ha sido asesinada”.

Recuerdo con absoluta nitidez la cara del hermano de mi madre y su expresión de ahogo al
comenzar a llorar. No dejó de hacerlo durante meses echándose la culpa de lo que pasó. Habían
quedado en ir juntos al juzgado y afirmaba que si hubiese llegado antes, aquello no habría

ocurrido. Su ánimo mudaba de la furia a la melancolía en cuestión de segundos. Deambulaba
interrogando a todo el mundo con equivalentes dosis de celo y descaro. Durante los primeros días,
mientras se barajaban suicidio o asesinato, él (que ya tenía veredicto)

hizo de la “búsqueda del
asesino” una cruzada, convencido como estaba de que la policía ni puede tener ni tiene el tiempo
y el desvelo necesarios para resolver un caso así; para ellos es un caso más, para mí, la vida. Y
en eso llevaba razón.

El cuento de nunca empezar – Begona Aznarez.epub
El cuento de nunca empezar – Begona Aznarez.pdf

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