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El temperamento melancólico (Pdf o Epub)

Ficha

Título: El temperamento melancólico
Autores: Jorge Volpi
Editorial: Debolsillo
Fecha: 28 dic 2019
Tamaño: 1.70MB
ASIN: B072HWYW7L
Idiomas: Español
Literatura: Libros juveniles
Páginas: 345
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

El temperamento melancólico es una desenfrenada novela en la que Jorge Volpi ilustra las terribles consecuencias de fundir vida y arte, así como la inevitable melancolía que conlleva este peligroso acto.

Cuando Carl Gustav Gruber descubre que tiene cáncer y que pronto morirá, decide filmar la que será su última película. El director alemán, afincado en México, elige a nueve actores inexpertos con el objetivo de explotar sus características psicológicas. En este microcosmos que retoma el Juicio Final como tema central del filme, y del libro de Volpi, los protagonistas conocerán hasta qué extremos son capaces de llegar.

Leer el primer capítulo:

—¿Estás segura? Uno debe hacerse responsable por lo que sabe. A lo mejor no te aceptamos y
tú ya vas a saber quién es el director y no vas a poder decirlo —hizo una pausa—. Bueno,
escúchame bien: Carl Gustav Gruber. Ni más ni menos que Carl Gustav Gruber.

Había oído su nombre, lejanamente, en alguna clase de cine, asociado a los de Fassbinder,
Bergman, Wajda, Herzog y Wenders. Por lo que sabía, era uno de los grandes directores vivos,
aunque no recordaba haber visto ninguna película suya (bueno, tampoco había visto muchas de
Bergman —Fanny y Alexander me aburrió tremendamente— ni de Herzog —Fitzcarraldo, en
cambio, me encantó—, y a los otros sólo los conocía de oídas).

—Como sabrás —prosiguió—, Gruber lleva más de veinte años sin filmar una película; la
última, La orquídea, es de 1969. Ahora, después de todo este tiempo, quiere rodar de nuevo. Hace
diez años que vive en México, se siente mexicano igual que yo, y todos sus actores van a ser
mexicanos. ¿Comprendes? Un Gruber luego de tres décadas de silencio. Como si Rulfo, nuestro
Rulfo, hubiera publicado otra novela antes de morir.
—Ya veo —dije, quizá sin entender cabalmente su entusiasmo. Por un lado me emocionaba la
idea de trabajar con un director famoso, pero por otro aún me parecía imposible simpatizar con
los sobresaltos de Braunstein.

—Aún no te das cuenta de lo que te hablo —me leyó la mente—. No importa, quizá sea mejor
así. Mejor cuéntame por qué has estado llorando.
—¿Llorando?
—Se te nota en las pupilas, en la forma de mirar. ¿Qué ha pasado? ¿Otra vez Carlos?
Tardé en reaccionar ante sus palabras. Era lógico, yo misma había escrito mi historia para que
él la leyera.

—Acabamos de terminar. Definitivamente. No quiero verlo nunca más.
—¿Y de veras vas a hacerlo? ¿Ahora sí vas a resistir? —era intolerable su prepotencia.
—Eso espero.
—Pero no estás muy convencida.
—Lo estoy.
—En el fondo sabes que no es tan fácil.

—A veces creo que debería luchar y hacer algo para arreglarnos, saber qué le pasa a él, pero
ahora sé que sería perder el tiempo…
Dio varias vueltas más y luego se acercó a un armario que estaba en una esquina del cuarto.
Me ofreció algo de tomar, yo me negué pero de cualquier modo me sirvió un amaretto —te hará
sentir mejor—, y me invitó a sentarme en uno de los sillones lejos del escritorio. Él se sirvió un
whisky y se acomodó frente a mí.

—Te voy a dar un consejo, no soy muy bueno para esto pero, como ustedes dicen, más sabe el
diablo… Déjalo. Olvídate por completo de Carlos, haz como si no existiera. Sé que suena duro,
pero es la verdad: por más que nos obsesionemos en conservar a las personas, en creer que el
amor es eterno, lo cierto es que todo se acaba. Así de fácil. Ahí está alguien, lo vemos a diario, y
de pronto ya no está ahí. No hay nada qué hacer. Por más que te acuerdes y te duela y te preguntesentonces cuál fue el valor de lo que pasaron juntos, no hay respuestas, mi niña, así es.
—Gracias, lo tomaré en cuenta.

—No te impacientes —me riñó—. De acuerdo, vayamos a otra cosa. Acabas de decir que si
un guión te lo exigiera, te desnudarías en una película. Ahora respóndeme: ¿harías el amor,
verdaderamente harías el amor con otro actor, si la trama de una película te lo exigiera?
—No lo sé —me defendí—. Somos actores, hay relaciones que tenemos la obligación de
interpretar como si fueran nuestras, pero no dejan de ser ficción, arte, un mundo fuera de la
realidad que no debe intervenir con la vida real.

—¿Y no crees que es un engaño? Actores y directores obsesionados con hacer que ciertos
gestos y palabras y movimientos aparenten ser reales cuando no lo son. El arte convertido en
mentira, apenas una forma de manipular las emociones del público, de hacerlo identificarse con
falsedades. En el fondo es una tarea muy baja, casi innoble. ¿No sería mejor, más auténtico al
menos, filmar sensaciones verdaderas?

—Estas discusiones me aburren un poco —dije—. Si piensas así mejor filma documentales.
—No entiendes —se enfadó—. Eso sería limitar nuestro arte. Somos comediantes, en el
sentido preciso de la palabra. Vivimos de representar ilusiones. Y justo por eso es necesario
vivirlas, revivirlas… Y no me refiero a las técnicas que buscan convencer al actor de lo que está
interpretando, al grado de que puede conseguir cierta naturalidad, sino a ir más allá, lograr que de
verdad se transforme en el personaje.

El temperamento melancolico – Jorge Volpi.epub
El temperamento melancolico – Jorge Volpi.pdf

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