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La chica con pies de cristal (Pdf o Epub)

Ficha

Título: La chica con pies de cristal
Autores: Ali Shaw
Editorial: Ediciones K
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 1.22MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros juveniles
ISBN-10: 8498383471
Páginas: 214
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Extraños sucesos ocurren en el remoto archipiélago de Saint Hauda. Criaturas de una rara belleza sobrevuelan la marisma helada y animales albinos encuentran refugio en los bosques, mientras las medusas iluminan con destellos eléctricos el oscuro fondo del mar.

Leer el primer capítulo:

Hola —saludó el hombre—. No nos conocemos, pero tú debes de ser Midas, ¿no? Me
llamo Carl Maulsen. Soy amigo de Ida.
Midas recordaba perfectamente la fotografía de su padre y Carl recibiendo sus doctorados. En
persona, Maulsen tenía algo que la cámara no había captado: presencia. Una especie de campo
magnético, como el que rodeaba un generador.
—Sí, hola. Ida me enseñó su fotografía.

—Se me ha ocurrido pasar a verte. Es curioso, conocía a tu padre. —Trató de escudriñar el
interior de la casa por encima del hombro de Midas—. ¿Estabas ocupado?
Lo que, en realidad, significaba: «¿Puedo pasar?«. Midas se hizo a un lado. El hombre entró
en el recibidor, cerrando la puerta tras de sí, colgó la chaqueta en una percha y siguió a Midas
hasta la cocina.

—Te presento al doctor Maulsen, Denver. Doctor Maulsen, ésta es mi amiga Denver.
—Hola, doctor Maulsen.
—No me llames doctor —pidió Carl en voz baja—. Suena demasiado rimbombante.
Denver se encogió de hombros y siguió dibujando.
—Siéntese —propuso Midas retirando una silla de la mesa—. ¿Le apetece beber algo?
—Si vas a prepararte café, tomaré una taza.

—Muy bien. —Encendió el hervidor de agua.
Carl contempló el dibujo en que estaba trabajando la niña, un narval en las profundidades del
océano, con un arnés de algas y tirando de un carruaje hecho con una caracola que Denver estaba
pintando de color rosa. Dentro del carruaje iba una mujer. Carl la señaló con cuidado, para no
tocar la parte ya pintada.
—¿Es una sirena? —preguntó.

La pequeña negó con la cabeza y siguió dibujando.
Carl desvió la mirada hacia las paredes cubiertas de fotografías.
—Bueno, Midas… Veo que te has convertido en todo un artista. ¿Qué pensaba tu padre deMidas sacó la tetera y las dos tazas más pequeñas que tenía.
—Él no entendía la fotografía. Sólo pensaba que una cosa era hermosa si leía acerca de ella
en un libro viejo.

Carl asintió con la cabeza, dio un sorbo al café y siguió mirando las fotografías.
—Tuve el placer de trabajar con él un tiempo, en Wretchall College.
—Mire, mi padre era un gilipollas —dijo Midas, repantigándose en la silla.
—No estoy de acuerdo —replicó Carl, sorprendido—. Yo lo apreciaba mucho. ¿Me mencionó
alguna vez?

—No. Lo siento. Era típico de él. Nunca hablaba de nadie, ni de lo que le pasaba. Sólo
hablaba sin parar sobre arquetipos y cosas así.
—Sí, eso encaja con el hombre al que conocí —aseguró Carl, y sonrió con afecto—. Me
sorprendería que hubiera hablado de mí. Pero tu padre dijo unas cuantas cosas admirables. Abrió
los ojos a mucha gente.
—Tal vez.

Denver bostezó ruidosamente. El roce de su lápiz llenaba el silencio que había entre los dos
hombres.
—¿Sabes que me recuerdas a tu padre? Tienes el mismo… ¿cómo te lo diría? La misma
compostura. Lamenté mucho su muerte. Todo el jaleo de la barca. Fue una gran pérdida. —Midas
se encogió de hombros—. ¿No sientes nada por él? —Otro encogimiento, menos pronunciado—.
¿Ni siquiera conservas una fotografía suya?
—Hay una allí, en la pared. El resto las tiré.

—Ya veo que es un tema desagradable —comentó Carl echando una ojeada a la fotografía con
discreción.
Midas fijó la mirada en los cercos dejados por las tazas de café, como si éstos fueran a
convertirse en vórtices por los que huir de la conversación. Debajo de la mesa, estaba clavándose
las uñas en las rótulas.

—Bueno, lo único que digo es que es una lástima que lo odies de esa manera —continuó Carl
recostándose en la silla—. Y es interesante que os parecierais tanto físicamente y que fuerais tan
diferentes, ¿no crees? En fin, no he venido para hablar de él.
—Ha dicho que pasaba por aquí —intervino Denver.
Carl la miró de reojo; era evidente que se había olvidado de que estaba allí.
—Bueno —dijo respirando hondo—, la verdad es que he venido por otra cosa. Por Ida.
—La novia de Midas.
—¡Den!

La niña se encogió de hombros; Carl arqueó las cejas.
—¡No! —protestó Midas—. No, no, no. Sólo somos amigos. Además, acabamos de
conocernos.
El hombre esbozó una sonrisita torcida, como si el comportamiento de Midas le resultara
familiar. Casi parecía nostálgico.

—Ida está enferma, ¿verdad? —preguntó.
Midas asintió con la cabeza.

La chica con pies de cristal – Ali Shaw.epub
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