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Mirarse de frente (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Mirarse de frente
Autores: Vivian Gornick
Editorial: Sexto Piso
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 0.64MB
Idiomas: Español
ISBN/ASIN: 9788417517564
Literatura: Libros juveniles
Páginas: 214
ASIN: B07ZHNWN9W
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

En este nuevo libro, Gornick convierte el recuerdo de su experiencia como camarera en los Castkills no sólo en una agridulce aproximación al deseo juvenil y los trabajos veraniegos, sino en una indeleble toma de contacto con las desigualdades de clase y de género. Su periplo como profesora visitante por varias universidades estadounidenses le sirve para trazar una maravillosa y tragicómica radiografía del paisaje académico como suplicio para el espíritu: comunidades aisladas, con sus ritos y rencillas,

con su peculiar dinámica de soledad y sociabilidad donde el alma se enmohece rodeada de seres sólo en apariencia afines. Ya sea para hablarnos de su relación con la ciudad, de su evolución como feminista o para meditar sobre los recónditos motivos por los que una antigua amiga suya, pese a ser admirada y

amada por muchos, evadía sistemáticamente cualquier atisbo de intimidad, Gornick vuelve a ofrecernos la singular mirada –valiente y feroz, empática y siempre de frente– con la que encara el mundo.

Leer el primer capítulo:

LO QUE SIGNIFICA PARA MÍ EL FEMINISMO
El Village Voice me encargó que fuera a investigar a «esas de la liberación de la mujer». Era
noviembre de 1970. «¿De qué hablas?», le pregunté al redactor jefe. Al cabo de una semana ya era
feminista conversa.

En los primeros tres días conocí a Ti-Grace Atkinson, Kate Millet y Shulamith Firestone; en
los tres siguientes, a Phyllis Chesler,

Ellen Willis y Alix Kates Shulman. Hablaban todas a la vez,
y me empapé de hasta la última palabra que salió de sus bocas. O más bien debió de ser que las
escuché a todas diciendo lo mismo, porque volví de esa semana con un único pensamiento
grabado a fuego en la cabeza.

Era el siguiente: la idea de que los hombres, por naturaleza, se
toman en serio sus cerebros, mientras que las mujeres, por naturaleza, no, es una creencia, no una
realidad; esta idea está al servicio de la cultura imperante; y nuestras vidas parten de esa base.
Bastante sencillo, la verdad.

Y seguramente ya lo habría dicho alguien. ¿Cómo era posible que yo
no pareciera haberlo oído hasta entonces? ¿Y por qué ahora sí lo había escuchado?
Tanto en política como en el amor, sigue siendo uno de los grandes misterios de la vida: la
disposición, ese momento en que los elementos se alean en la medida justa para materializarse en
un cambio interior. Si eres de los que reaccionan al momento nunca puedes explicarlo del todo,
sólo puedes describir lo que sientes.

Yo siempre había sabido que la vida no era apetencia y consecución. A mi manera, la de chica
buena, concienzuda y enfadada, perseguía «el sentido». Era importante hacer un trabajo que
importara (o sea, trabajo mental o espiritual) y querer a un hombre que fuera el compañero
adecuado. Eran, yo lo sabía, requisitos siameses: entrelazados, inconcebibles el uno sin el otro. Y
así y todo crecí y acabé siendo una charlatana compulsiva que no soportaba la soledad ni el
tiempo necesario para estudiar.

No aprendí a dominar el pensamiento estable. Leía novelas,
fantaseaba con una vida importante, pensaba en chicos. Daba igual que me pasara la vida
moralizando sobre la seriedad: estaba visto que podía perseguir al hombre pero no el trabajo.
Eso, sin embargo, y esto que voy a decir es crucial, no lo sabía. No sabía que podía dedicarme al
amor pero no podía dedicarme al trabajo. Siempre andaba pensando: «Cuando las cosas vayan
bien, trabajaré». Nunca pensaba: «¿Cómo puedo seguir obsesionada con este chico o este otro
aunque las cosas no vayan bien?».

Con veinticuatro años me enamoré de un pintor y me casé con él. Tenía la vida resuelta. Tenía
una mesa de trabajo a la que sentarme, un compañero que me animaba, tiempo y dinero suficientes.
Ahora sí que trabajaría. Nuevo error. Diez años después pasaba los días vagando por Nueva York,
una «chica» divorciada de treinta y cinco años que tenía un estilo agresivo y había escrito un parde artículos.

Mirarse de frente – Vivian Gornick.epub
Mirarse de frente – Vivian Gornick.pdf

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