Saltar al contenido

Príncipes VerdeAzules (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Príncipes VerdeAzules
Autores: Silvia Aguilar & Jorge Moreno
Editorial: Planetalector Chile
Fecha: 27 dic 2019
Tamaño: 0.87MB
ASIN: B082ZQS3JB
Idiomas: Español
Literatura: Libros juveniles
Páginas: 278
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Marta tras múltiples decepciones amorosas ha perdido la esperanza de encontrar a su príncipe azul e incluso, de que exista algo parecido en tonos verdosos. Las experiencias de Miguel con el sexo femenino durante su adolescencia le traumatizaron hasta el punto de huir de cualquier compromiso.

Cuando las vidas de Marta y Miguel se cruzan, al universo de los Príncipes VerdeAzules apenas le queda color. Una mujer que ya no espera nada y un hombre que no piensa en nada, lograrán quizá dar forma y sentido a este complicado enredo de sentimientos desordenados que no saben si serán capaces de soportar.

Leer el primer capítulo:

Entre palabras y chistes acortaba caminos. Cuando quise darme cuenta, le tenía bebiendo de
mi copa y con la mano en mi rodilla. No sé si era el vino o el perfume que vestía, pero me sentí
mareada. O todo junto más la terrible atracción que no dejaba de sentir hacia él.

En un par de ocasiones recibió llamadas de móvil que contestó, aunque no en mi presencia. La
duda me mataba, pero la discreción me hizo callar. ¿Quién le llama a esas horas? Aparté esos
pensamientos y decidí seguir disfrutando del calor que producía su mano en mí.
Hablar hablé poco. Sí, ya sé que te costará creerlo, pero así fue. Javier estaba tan emocionado
contándome aventuras juveniles con toques a lo James Bond que decidí escucharle a ver dónde me
llevaban. Más tarde te diré a dónde me querían llevar.

No dejó de mirar mi escote. Razón tenías. Las miradas iban aderezadas con halagos, así es que
me olvidé de los emergentes michelines que confiaba habían desaparecido.
La tasca iba a echar el cierre y llegó la pregunta: “¿Una copa en mi casa?”.
Te he dicho ya que olía genial, ¿no? Yo seguía mareada.

No había podido siquiera responder cuando una pelirroja de mediana estatura con un escote
mayor que el mío se acercó a nosotros y agarrando a Javier por el brazo (que, dicho sea de paso,
lo tenía yo), le increpó: “Pero ¿qué haces aquí? No me lo puedo creer. ¡Vaya regalo a los
abogados! ¡Es que no cambiarás!”
Decidí que era el momento de visitar el lavabo.

Cuando regresé los vi en un rincón intercambiando gestos y vocablos.
Busqué la mejor manera de camuflarme entre la gente y esperar mi momento, pero fue
complicado en un local casi vacío.
Me vio y recuperé mi brazo. ¿He dicho mi? Quería decir su brazo.
“Disculpa. Es mi segunda exmujer”. ¡Toma ya! Primera vez que “ex” viene acompañada por un
número ordinal. “No entiendo por qué se pone así: nuestro hijo está perfectamente con su tío y susdos hermanos”.

¡Y seguimos con las matemáticas!
En cuestión de segundos me visualicé entrando a hurtadillas en una casa con tres enanines y un
adulto y desterré la idea de poner en práctica más armas -esta vez mías- ante el temor por ser
descubierta.

Se me fue el mareo.
Sin poder dar aún respuesta a su pregunta, la pelirroja apareció en escena de nuevo. Cansada
ya de la situación, decidí interrumpir tan emotivo encuentro cuando noté en mi cadera un brazo
que, agarrándome fuertemente, me llevaba casi volando al centro del local al tiempo que, no sé
con qué destreza, me colocaba en la mano un micrófono. Era Daniel. Ya sabes lo que le gusta un
canturreo.
Javier, que había seguido atónito este despliegue, me sonreía acercándose… ¡con otro
micrófono en mano!
Con dos brazos meneándome la cintura y los susurros de Javier apartándome el pelo,
acabamos la noche con Noelia. Algo me comentó de esta canción y su hermano que no entendí,
pues Daniel y sus amigos no paraban de competir por ver quién de ellos gritaba más alto Noelia.
Ya le preguntaré.

La tasca no cerró. La música no cesó y sus besos tampoco. El alba nos sorprendió y una nueva
llamada de “Buenos días papá, ¿cuándo vienes?” nos devolvió a cada uno a su casa… con otra
cita concertada. Nos volveremos a ver.
4

Cars 2 se sale. Sé que parece pueril, pero no me avergüenza reconocerlo: disfruto como un
enano con las películas de dibujos. De hecho, creo que fui al que más le gustó de los cuatro.
Ir al cine con los Panchos me encanta, pero tiene sus inconvenientes. Los Panchos son mis
sobrinos. Los llamo así porque los tres se llaman Francisco. Mi hermano, casado tres veces con
fracasos estrepitosos, tuvo un hijo con cada una de sus exesposas.

Ellas tienen en común muchas cosas y una de ellas es su pasión por el nombre de Francisco,
por lo que tuvieron muy claro cómo llamarían a su hijo, a pesar de que tendría un hermano con el
mismo nombre, en el caso del segundo y dos en el caso del tercero, a lo que Javier, entre su amor
y sus remordimientos, no se opuso. Al principio me vino bien, debido a mi problema para
recordar los nombres, pero luego empezó a ser un poco molesto cuando llamaba a uno y se daban
la vuelta dos, así que decidí llamar Fran al mayor y Cisco al segundo. Sencillo y fácil de recordar.
No me imaginé entonces que mi hermano podría volver a casarse,

Principes VerdeAzules – Silvia Aguilar.epub
Principes VerdeAzules – Silvia Aguilar.pdf

Si te a gustado el libro de Príncipes VerdeAzules (Pdf o Epub) ala mejor te pueden gustar estos otros: