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Su alma al diablo (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Su alma al diablo
Autores: Artur Rodríguez
Editorial: Duomo
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 1.33MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros juveniles
Páginas: 278
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Si solo lo hubiera sabido cuando, hace un año, mi viejo me mandó al Burton College. Entonces tenía dieciséis años y, a pesar de toda la mierda que me habían metido en la cabeza, hice un montón de colegas; te lo aseguro. Lo pasamos en grande sorbiendo nenuco a todas horas y moviendo el esqueleto. Pero de golpe apareció un fiambre y todo se torció. La muerte siempre lo tuerce todo. Y, después de esa muerte, llegaron otras muertes.

Y todo se mezcló con la birra y el amor, con el mal y el colegueo, con los sueños y las risas; con un Londres invernal y una lluvia que lo lava todo, que se come tu alma como si fuera un maldito Boca Bit, que te mata y te resucita.
Está bien, lo que tienes entre manos son mis aventuras de crío.
Colega, lo vas a flipar

Leer el primer capítulo:

Mientras ando por el viejo pasillo de madera, tengo la sensación de que
todo el mundo me está mirando. Supongo que tendré que acostumbrarme, al
menos los primeros días. Soy el puto guiri. Y, además, novato.

Entro en la sala de actos. Está llena de gansos y gansas de todas las edades
y pintas posibles. Miro a mi alrededor. ¿Dónde se supone que debería
sentarme? Todo el mundo parece conocerse. Vaya mierda. Peor me lo pones:
por la puerta lateral que da al estrado, empiezan a entrar los profesores. Entre
ellos reconozco a Mr. Miller, mi tutor (ya te lo dije).

Suben al escenario y se
sientan ordenadamente en una hilera de sillas. Los gansos y las gansas bajan el
tono de voz. Esto debe estar a punto de empezar. Mal, muy mal. Debería
sentarme, pero ¿y si me veo, de golpe, rodeado de maricas? Eso sería un
principio terrible.
Por la puerta lateral entra, ahora, un venerable anciano calvorota. Se trata
de John Cummings, el director del instituto. Su inolvidable foto ocupa la
segunda página del apestoso Manual del estudiante que me llegó por correo a
Barcelona a finales de agosto. Es un tipo de un metro ochenta, con la cabeza en
forma de huevo, la nariz descolgada y los labios anormalmente rojos. Anda
despacio, con calma, seguro de que a un gesto de su mano el mundo se
detendrá; el mundo que encierran estas cuatro paredes lo hace, puedes estar
seguro.

Mierda: los que todavía hablaban han dejado de hacerlo. Estoy solo, de
pie, a la vista de los demás. Mi viejo me dijo que tratara de no aislarme,
supongo que se refería a esto.
―What the fuck are you doing? ―me pregunta un tío de cara ancha y pelo
lacio peinado con la raya a la derecha (creo que voy mejorando con las

descripciones, ¿no?). Trato de farfullar una respuesta, pero mi inglés se atasca
por completo―. Sit down ―añade el tío mientras me tira de la manga.
Aterrizo en una silla justo a tiempo. Mr. Cummings llega al centro del
escenario, se sitúa detrás de un atril y mira a la platea. Sonríe orgulloso. Esta
vez me he salvado.
―Dear students, welcome to Burton College.
Colega, no te preocupes; a partir de ahora, traduzco.
―Gracias ―le digo al tío que me ha echado un cable (Ms. King me dijo
que en Inglaterra siempre hay que dar las gracias por todo).―De nada ―me responde este, ofreciéndome la mano―. Robert

Hamilton, pero todo el mundo me llama Rob.
―Cacho. ―Se la estrecho.
―Obviamente, el estudiante español.
―¿Tanto se nota?
―Lo llevas escrito en la cara y, además, eres el único que ha llegado
tarde.
―¿Tarde? ¿Qué quieres decir? Solo pasan dos minutos.
―Ahí lo tienes, tarde.

Los ingleses son unos tocapelotas, eso ya lo sabía. Pero nunca imaginé
hasta qué extremo.
―No soy inglés, soy americano. ―Me ha leído el pensamiento.
Mientras gruño, Mr. Cummings comienza una arenga acerca de lo excelente
que es la institución que dirige. Al parecer, somos unos privilegiados. Rob
suelta un tremendo bostezo, creo que le aburre el discursito. Luego me mira.
―Y tú, ¿qué quieres ser de mayor? ―me pregunta.
Me encojo de hombros.
―Todavía no lo sé. ¿Y tú?

―Playboy. ―Se le escapa una risa; se estaba cachondeando. La bulma que
tiene a su derecha le mete un codazo en los riñones―. No, en serio
―rectifica―, veterinario.
―Por cierto, hola ―dice la bulma inclinándose hacia delante. Hago el
escáner de turno: labios carnosos, nariz un poco grande; pelo negro, cortito (a
duras penas la llega al cogote). Es de esas tías que no dirías que están buenas,
pero que te las harías al instante―. Soy Issie Graham ―se presenta.
―Encantado ―digo con una reverencia.

Nos interrumpe el horrible careto de un pavo de la fila de enfrente:
―¡Silencio! ―susurra con un terrible acento francés.
Se nos queda mirando. Tiene los ojos de sapo y el pelo rizado, pringado
de gomina. Se me escapa la risa. El borbón me replica con una especie de
gruñido afeminado. Ahora es Rob el que se parte, pero Issie nos lanza una
mirada asesina; así que nos callamos. El franchute, satisfecho, inicia el
movimiento de retorno cuando, de pronto, su pelo (oh, maravilla) emprende el
vuelo a lo alfombra mágica. Esta vez es Issie la que se parte y Rob quien tieneque pararla poniéndole la mano en la boca.

Cuando conseguimos volver a conectar con Cummings, este arenga acerca
de lo mucho que se espera de nosotros. Su perfecta dicción rebota por las
paredes de la sala de actos. A ratos parece un actor recitando un soliloquio.
Después de un tiempo prudencial, Rob me susurra:
―¿A qué asignaturas te has matriculado?

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Su alma al diablo – Artur Rodriguez.epub
Su alma al diablo – Artur Rodriguez.pdf

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