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Los revolucionarios

 Sinopsis

Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, José Vasconcelos, Edward Stieglitz, Georgia O’Keeffe, Edward Weston, Frida Kahlo y las más grandes figuras intelectuales de los

inicios de los 1900 en América se malinterpretan en esta novela romántica, basada en el histórico y fugaz romance de Tina Modotti, una de las fotógrafas más relevantes de la historia, con Julio Antonio Mella, un joven revolucionario cubano al que la historia se ha encargado de quitar, por lo peligrosos que todavía son sus ideales para el estado de cosas.

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La moneda cayó al piso y viró por una milésima de segundo ya antes de caer
cruz.
——
Aquel volado perdido daría forma a la expresión gráfica de la cultura
mexicana moderna.
Diego Rivera, de 20 años y Roberto Montenegro, de 19, habían quedado
empatados, como los mejores pupilos de la Academia de Bellas Artes.
El ganador recibiría una beca para estudiar en el extranjero, y como solo
había una, se determinó al final que la beca se decidiese en un democrático
volado.
Diego cerró de manera lenta los ojos, como deseando desaparecer para
siempre y en todo momento de la faz de la tierra, mientras que Roberto continuaba en silencio
procurando acumular cada detalle del instante que – sabía-era el golpe de
suerte que precisaba lo que sería su espectacular carrera.

El camino de regreso a sus progenitores fue anubarrado y sigiloso. Ya en casa,
Diego comunicó privado en lloro la nueva a la familia.
El dolor fue compartido con todos en casa de los Rivera. De verdad
tenía un talento sobrenatural y esa beca era la única forma de explotarlo.
Su papá, Don Diego Rivera, era mandado algunas veces por la parte del
Consejo de Salud a Veracruz, para dar reportes y entrevistarse
concisamente con el gobernante Teodoro Dehesa, un hombre sumamente culto.
En un acto agobiado y completamente fuera de sitio, Don Diego Rivera se
presentó a la próxima asamblea en la oficina del gobernante, con su hijo y las
mejores pinturas que había efectuado bajo el brazo.

Teodoro observó sorprendido la plasticidad creativa del joven y le
acreditó una muy limitada beca a fin de que pudiese seguir sus estudios en
Europa.
Era 1917 y Diego Rivera era miserablemente pobre en Paris. Su padre
pasaba largas temporadas sin trabajo, haciéndole imposible cruzar dinero
suficiente hasta Francia. Amén del género de cambio.
El mejor amigo de Rivera en la inmundicia de París, era un italiano
respingado, que sufría del mismo modo que , de la ausencia absoluta de recursos,
su nombre Amedeo Modigliani o bien «Modi» como le apodaban los frecuentes de
Montparnasse: Picasso, Cocteau, Brassai, Cézanne, André Salmon, Casals.

Por esos días, Diego Rivera y Pablo Picasso dejaron de ser amigos.
Pablo pinto «Hombre apoyado en una mesa» y Rivera le reprochó furiosa y
en público que había copiado su cuadro «Paisaje Zapatista». Desde
entonces la relación entre los dos se volvió rigurosamente profesional.
Todo el borlote entre Pablo y Diego ocurría, mientras que Modigliani vendía
retratos a 10 francos para adquirir algo de vino y comida que compartía con
su novia y Diego Rivera, al que retrató múltiples veces de formas peculiares y
amenas con la intención de entretenerlo y progresar el ánimo mutuo.

Lo pintaba
como chino con los ojos muy cerrados, o bien con barbas exóticas.
Rivera asimismo lo asistía, Modigliani como todos y cada uno de los grandes genios, fue
incomprendido mientras que vivió, sufriendo de severas depresiones
provocadas por la ansiedad que padecía por su precaria condición económica.
Se alcoholizaba toda vez que había ocasión, tornándose prácticamente de
inmediato en un hombre triste y violento.
Diego muy frecuentemente debió ser quien entrase al quite en las riñas callejeras
para volverlo a casa sano y salvo.

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