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Más allá de la piel

 Sinopsis

Marina es diferente y lo sabe.
¿Pero quién afirma que lo diferente no sea singular?

Una lucha entre 2 razas van a poner a la protagonista entre la espada y la pared.
¿Será capaz entonces de descubrir su secreto más íntimo?

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Inquieta y imprudente, la joven sería capaz de enfrentar a una legión de feroces contrincantes ya antes que descubrir a Dorian su secreto, puesto que se teme que la rechace, pese a saber que la ama de manera profunda.

El amor de Dorian, y el enfrentamiento entre 2 razas contrincantes que se disputan a Elas, un pequeño depositario de la sabiduría del cosmos, la van a poner en el horrible problema de descubrir su secreto y exponerse a perder la confianza de su amado.

Cuando la vida del pequeño peligra en la mitad de esa guerra, no solo va a aprender una lección sobre su naturaleza; las partes en enfrentamiento se van a ver cara a cara con sus fallas y defectos, y deberán decidir entre ceder o bien alargar la confrontación

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Despertó alterada. Soñó que corría, así como sus progenitores, por un
campo abierto mientras que detrás de ellos algo, no sabía qué, los perseguía sin
tregua.
Su respiración estaba agitada tal y como si de verdad hubiese estado corriendo;
le tomó unos segundos rememorar dónde estaba. Consultó la hora en su
minúsculo PC portátil, puesto que no había forma de que pudiese ver al
exterior para hacerse una idea de la hora: era tarde, por la mañana. Ella y Elas
se habían quedado dormidos. Pensó que la fatiga por estar tanto tiempo bajo
tierra y, en su caso en particular, las preocupaciones, habían hecho mella en su
físico.
Allí abajo solo había silencio. Se sintió extraña, hacía mucho que no
experimentaba tanta calma en el entorno.
Recordó que todavía debía charlar con Dorian y, viendo que Elas estaba
de manera profunda dormido, decidió ir a procurarlo.
El silencio que reinaba en el último nivel fue sustituido por chillidos y los
ruidos de pasos apurados que procedían de arriba, justo encima de ella.
Corrió para intentar descubrir qué sucedía. Subió al siguiente nivel
y alcanzó a ver a ciertos individuos separándose por un pasillo; parecían muy
agitados y según lo que parece llevaban sus armas.
«¿Qué ha pasado?» pensó con preocupación. Corrió en exactamente la misma
dirección, mas ya no vio a absolutamente nadie. Pensó que lo mejor sería ir a la sala de
controles y se dirigió a uno de los ascensores, mas alcanzó a ver que el
acceso estaba bloqueado por 2 carontianos.
Antes de que la viesen volvió el rincón del corredor y con el corazón a
punto de salírsele se llevó las manos a la boca para no chillar. ¡Los carontianos
por último habían decidido invadirlos! ¿Dónde estaba Dorian? ¿Dónde estaban
los ancianos? Aquello no podía estar pasando.
Accionó su comunicador para llamar a Dorian, mas no le respondió. Tal
vez lo habían capturado. Pensó en el consejo: si los carontianos llegaban a los
ancianos, estarían indefensos, puesto que no llevaban armas.
Recordó que había un ascensor de carga muy cerca de donde se hallaba
y fue cara allí, con la esperanza de que no hubiese ningún contrincante a la vista.
Sintió un enorme alivio cuando vio que el camino estaba libre, mas cuando iba a
abordarlo se detuvo, puesto que se percató de que no debía dejar solo a Elas. Se
dio la media vuelta para regresar al cubículo que ocupaba con el muchacho, cuando
la puerta del ascensor se abrió. No tuvo tiempo de esconderse, mas no hizo
falta, pues quienes venían a bordo eran Dorian, Yiro y otros 2 ancianos.
Sin pensarlo, se abalanzó a los brazos de Dorian.
—¡Estás bien! Pensé que te habían capturado.
Él la apartó para cerciorarse de que asimismo se hallaba bien, y
cuando lo confirmó le preguntó, ansioso:
—¿Dónde se encuentra Elas?
—En el cubículo. Estaba dormido cuando salí, iba a regresar con él cuando
te hallé.
Yiro los interrumpió.
—Vamos con él de forma inmediata. Debemos intentar sacarlo sin que los
carontianos lo vean.
Se dirigieron a toda prisa a donde estaba el pequeño. La muchacha les advirtió
que había 2 invasores en el ascensor, con lo que debieron cruzar con
toda cautela.
—¿Dónde se encuentra Mithas? —cuestionó la chica.
—Se quedó en la sala de control para intentar negociar con los
carontianos o bien, cuando menos, ganar tiempo —explicó Yiro.
—¿Estará bien? —Marina estaba verdaderamente preocupada por su guía.
—Mithas sabe cuidarse solo —replicó el anciano de forma misteriosa.
Elas ya había dejado la cama cuando llegaron con él. El muchacho les sonrió y
los saludó con su frecuente calma, pese a saber inmediatamente por qué razón
estaban ahí.
Yiro se adelantó a él.

—Vamos, debemos sacarte de acá.
—Pero ¿de qué forma lo vamos a hacer? Estamos en el nivel más profundo —inquirió
Marina.
—Síganme —indicó el anciano.
Salieron al corredor y Yiro los guio en sentido opuesto al ascensor. Marina
jamás había estado ya antes ahí, por lo que no tenía la menor idea de cara dónde
se dirigían. Temía por Elas. Los carontianos ya habían encontrado los
subterráneos, y no se explicaba de qué forma no habían encontrado al muchacho.
—Hay una salida cara las pistas de despegue, mas deberemos subir
por un conducto de ventilación —explicó el anciano.

Yiro y los otros 2 miembros del consejo avanzaban a toda prisa junto
con Elas; Dorian y Marina se quedaron detrás de ellos.
—¿De qué forma está todo arriba? —cuestionó la muchacha, prácticamente miedosa de la
contestación.
Dorian la miró y le dirigió una sonrisa que pretendía sosegarla.
—No tan mal como semeja. Los carontianos no han atacado, mas tomaron
la sala de control. Jeb jamás dio aviso sobre la invasión —detalló con una
mueca de desazón que no pasó desapercibida a la mujer.
—Entonces sí es un traidor —afirmó , prácticamente sin aliento.
—Así es —reafirmó .

—Pero ¿de qué forma? No lo comprendo. ¿Por qué un grexo traicionaría a su gente?
—No lo sé. Estoy tan desconcertado como . Todos estamos perplejos.
Llegaron al final de corredor. Era un callejón sin salida. Marina suspiró,
agobiada, mas Yiro se volvió cara la pared metálica de la izquierda,
procuró un punto preciso, lo presionó, y una puerta se abrió ante ellos.
—Vamos —los urgió.

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