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Mi lucha

 Sinopsis del libro 

El libro perfila las ideas principales que el régimen alemán llevaría a término durante la Segunda Guerra Mundial. Especialmente prominente es el violento antisemitismo de Hitler y sus socios, perfilando entre otros pensamientos los protocolos de los sabios de Sion. Mi lucha pdf Por ejemplo, denunciaba que el esperanto era parte de un complot judío, y argumenta sobre la vieja idea nacionalista alemana de Drang nach Osten: la necesidad de ganar Lebensraum hacia el este, especialmente en Rusia. Esta obra puede

considerarse como uno de los libros más relevantes de la historia por haber sido totalmente ignorado, puesto que Hitler anunció su disposición a desencadenar un conflicto bélico y una persecución racial basado en muy personales convicciones, resumió sus intenciones en su Mein Kampf 13 años antes de iniciar la guerra, 7 antes de acceder al poder, y estando la definición del futuro régimen azi al alcance del pueblo alemán y los líderes mundiales, durante todo este tiempo no se reparó en su obra.

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Ficha técnica del libro

  • Título: Mi Lucha
    Autores: Adolf Hitler
    Tamaño: 1.33MB
    Nº de páginas: 689
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Había que preguntarse, primero: ¿Por qué el ejército seguía luchando si es que el
pueblo mismo no quería la victoria?
¿A qué conducían entonces los enormes sacrificios y las privaciones? El soldado
peleaba por la victoria, y el país le oponía la huelga. Y segundo: ¿Cuál fue la
impresión producida en el ánimo del enemigo?
En el invierto de 1917-1918 aparecieron por primera vez nubarrones en el
firmamento del mundo aliado. El miedo, el horror, se había infiltrado en el ánimo de

los combatientes adversarios, fanáticamente convencidos hasta aquel momento. Se
temía la primavera venidera. Porque si hasta aquel momento no se había conseguido
romper la resistencia alemana concentrada sólo parcialmente en el frente occidental,
¿cómo contar con la victoria ahora que parecía acumularse para la ofensiva en ese
frente, toda la energía guerrera de la nación asombrosamente heroica?
En tales circunstancias estalló la guerra en alemanía.
El mundo quedó estupefacto en el primer momento, pero en seguida, como
librándose de una pesadilla, la propaganda anti-alemana se lanzó a explotar aquella
ventaja en la hora suprema. Súbitamente se había encontrado el recurso capaz de
levantar el ánimo deprimido de las tropas aliadas. De nada les servirá a los alemanes
—se decía— obtener cuantas victorias quiera, puesto que en su país no habrá de ser
el ejército vencedor quien haga su entrada triunfal, sino la revolución.
Esta es la creencia que comenzó a inculcar en el alma de sus lectores la prensa
inglesa, francesa y americana, mientras la acción de una habilísima propaganda
levantaba la moral de las tropas en el frente.
Este fue el resultado de la huelga de municiones que, en los pueblos enemigos,
reconfortó la fe en la victoria eliminando a su vez la desesperación enervante que
cundía en el frente aliado y haciendo, en consecuencia, que miles de soldados
alemanes tuvieran que pagar aquel error del pueblo con el tributo de su sangre. Los
promotores de tan infame huelga fueron luego nada menos que los aspirantes a los
más altos cargos públicos en la inmediata Alemania de la revolución.

Había tenido la suerte de poder tomar parte en las dos primeras y en la última de
las ofensivas del ejército en el frente occidental.
De ellas conservo las más hondas impresiones de mi vida, hondas precisamente
porque en 1918 por última vez la lucha perdía su carácter defensivo para trocarse en
acción de ataque, como al comienzo de la guerra en 1914.

En el verano de 1918 notábase una pesada atmósfera en todo el frente. La
discordia reinaba en la patria. ¿Y por qué?
Múltiples rumores circulaban en los diversos sectores de las tropas del ejército en
campaña. Se decía que ya la guerra no tenía más perspectivas y que sólo los locos
podían confiar todavía en la victoria; que el pueblo alemán no tenía ya interés en
mantener la resistencia y que únicamente los capitalistas y la monarquía estaban
interesados en ello. Todo esto venía desde la patria y era comentado en el frente.

Al principio los combatientes reaccionaron aunque débilmente ante aquella
propaganda. ¿Qué nos importaba el sufragio universal? ¿Acaso para eso habíamos
luchado durante cuatro largos años?
Los probados elementos del frente de batalla eran muy poco susceptibles de
adaptarse a la nueva finalidad de guerra que predicaban los señores Ebert,
Scheidemann, Barth, Liebknecht y otros. No podía comprenderse cómo de un
momento a otro los emboscados resultaban con derecho a atribuirse, por encima del
ejército, la hegemonía del Estado.

Mi punto de vista personal fue firme desde el primer momento; odiaba
profundamente a toda esa caterva de miserables y defraudadores políticos partidistas.
Hacía mucho tiempo que veía claramente que la obra de esa camada de individuos no
buscaba en realidad el bienestar de la nación, sino simplemente el propósito de llenar
sus bolsillos vacíos. Y el hecho de que Mi lucha epub ellos fuesen capaces de sacrificar a todo el
pueblo y si era necesario llevar también a Alemania a la ruina, hizo que los
considerase ya desde entonces,


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