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Nayeli (Pdf o Epub)

Genero: Libros

Ficha

Título: Nayeli. El regalo del duque
Autores: Mercedes Gallego
Editorial: Harlequin, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.
Fecha: 29 dic 2019
ASIN: B07Y5DWDG1
Tamaño: 1.21MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 278
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Si existen dos almas atormentadas en el Londres de 1822 son las de Megan Cameron y Andrew Perrry, duque de Ivory.
La de él, porque al regresar a Inglaterra, descubre que su corazón aún se estremece ante la visión de Axel, el amor de su vida y por quien se exilió a la India durante cinco largos años.

La de ella, porque guarda un secreto en su corazón del que no puede hacer partícipe a nadie.
Sin embargo, quizá quede esperanza para ellos cuando sus caminos se encuentren; quizá ambos logren que Nayeli, deje de ser algo más que una promesa.

Leer el primer capítulo:

Dolerman House brillaba en todo su esplendor. Las farolas de la calle iluminaban la llegada
de los carruajes mientras la luna llena se ocultaba y aparecía entre las nubes que surcaban el cielo
londinense de una noche de mayo.

La temporada estaba recién iniciada, pero no era ese el motivo
del ir y venir de visitantes de alta alcurnia; lo que les traía hasta la mansión del duque de Ivory era
contemplar con sus propios ojos que uno de los solteros estrella del país había regresado de su
extraño exilio en la India y volvía a estar disponible.

Con una sonrisa en sus sensuales labios y haciendo gala de su exquisita educación, Andrew
Perry fue recibiendo en solitario a sus invitados. Saludó ceremoniosamente a lord Liverpool,
primer ministro de Jorge IV, y besó la mano de su anodina segunda esposa para después continuar
con la larga lista de aristócratas que deseaban echarle un vistazo, solicitarle un favor o endosarle
a alguna de sus hijas en edad casadera. Sin embargo, aunque lo disimulara, solo tenía ojos para el
grupo que se formó a la entrada de su inmenso vestíbulo, el cual coreaba entre besos y saludos el
tiempo que llevaban sin verse.

Lord Michael Sinclair, recién llegado de Francia, estaba siendo
objeto de interés por parte de la condesa Blackmoon, la vizcondesa Dermont, lady Elizabeth y la
señora Vernot. Todas lucían atuendos elegantes y espectaculares joyas, pero no por ello dejaban
de recibir significativas miradas de maledicencia de las matronas de la fiesta. A ninguna le pasaba
desapercibida la belleza de aquel ramillete de mujeres que bien podían quitarle el protagonismo a
sus jóvenes hijas a pesar de que la mayoría ya habían sido madres.

Andrew ocultó el regocijo que le inundó el imaginar cómo habría sido el encuentro entre
Michael y Bella en la intimidad, ya que ambos eran amantes desde hacía muchos años. No
obstante, disimulaban a la perfección de cara a la galería.

Fue testigo de cómo su amigo se ofrecía
con un gesto galante a acompañar a la supuesta viuda para hacer juntos la entrada en el salón y el
resto del corro se reagrupó: Clarence cogió del codo a William, Axel dio la mano a Devon y Beth
tomó de un brazo a Steve, quien a su vez ofrecía el otro a su hermana. Fue entonces cuando se
percató de que Megan Cameron había estado estudiándolo.

Al sentirse descubierta, ella le sonrió
con un mohín de afabilidad no exento de ironía. Parecía una mujer observadora, atenta a los
detalles, y se prometió dedicar un tiempo a conocerla. Pero no esa noche; cientos de invitados
estaban pendientes de él y debía comportarse como exigía la etiqueta: siendo el duque de Ivory.
Oportunidades habría para mostrar a Andrew Perry.

Sonaba el tercer vals de la noche cuando se atrevió a sacar a Axel a la pista. Apenas había
tenido ocasión de departir con sus amigos, aunque Clarence había acudido en su auxilio en un par
de ocasiones para librarle de algunas entrometidas y había bailado con ella. También con Beth y
Bella.

Cada vez que pensó en invitar a la joven americana le había desazonado su sonrisa irónica y
había dado marcha atrás, especulando qué sabría realmente de él. Aparte de sus íntimos, nadie
conoció sus sentimientos hacia la señorita Birmingham, y si en alguna fiesta se les vio más unidos
de lo normal se atribuyó al carácter galante del duque. Sin embargo, ignoraba qué confidencias
habrían compartido las mujeres entre ellas.

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