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No me olvides

 Sinopsis

Un viaje inopinado.

Un amor a la vuelta de el rincón.

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Es curioso de qué manera la vida puede mudarte en cuestión de minutos. Desde hallar el amor de tu vida al menos te lo esperas, hasta lograr un viaje inopinado a Nueva York, la urbe de tus sueños. ¿Y si sucediesen las dos cosas como le ocurrió a Anne? Ella, su hermana melliza Angélica y su hermano mayor Anton se embarcarán en una aventura que les va a llevar a descubrir nuevas amistades y a conocer el amor auténtico.

Lo que no saben es que esta inopinada aventura les va a marcar sus vidas por siempre y que el amor puede hacer de las suyas.

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Nos quedamos un momento en silencio, ese instante que siempre y en toda circunstancia brota en
una charla que de pronto se acaba y en el que comienzas a buscar
de manera rápida cualquier otro tema del que charlar. Pero lo peor de todo es que
me había quedado en blanco sin saber qué decir. Entonces fue Max quien afirmó
algo que tal vez hubiese sido mejor que no afirmara.

―Me agrada charlar contigo, Ann ―Espera. ¿Había abreviado mi nombre?
¿Qué confianzas eran estas?―. Me arrepiento un montón de no haberte
dirigido apenas la palabra en todos estos días.
Esas palabras fueron hermosas, mas por cierto motivo no deseaba
escucharlas. Pensé en Julia, en de qué manera lo pasaba de mal por él y en que
era su amiga. Me quedé sin voz en ese momento, no supe qué
responder y tal y como si todo fuera a ralentí aprecié de qué manera se aproximaba más a mí
y se inclinaba un tanto para acercarse a mis labios. Apenas estábamos a un
centímetro cuando recobré el don de la palabra.

―Creo que es la hora de cenar. ―Me aparté de un impulso.
Max reculó, asintió y sin decir solamente volvimos juntos al comedor.
Había estado soñando todas y cada una de las noches con la llegada de aquel primer beso
mas fui misma la que evitó que ocurriese, por alguna razón supe que
haríamos mal. Nunca me había dolido tanto rehusar un instante tan aguardado
como aquel. Por cierto, Max tenía una sonrisa bella. Por fin había sido
testigo de ello.
En la cena volvimos a reunirnos todos. El entorno parecía relajado hasta
que Max no pudo soportarse más las ganas de romper aquella calma.
―¿Qué tal la siesta? ¿Habéis dormido cogiditos de la mano? ―preguntó
levantando la mirada cara Sebas y Julia que estaban frente a él.
―Max, no comiences. ¿Podemos terminar la última noche bien, por favor?
―le rogó su hermano bastante serio.

Max resopló y no volvió a charlar a lo largo del resto de la cena.
―He visto un cartel en cubierta. Al parecer el día de hoy hay una suerte de
disco solo para jóvenes. ¿Vamos, no? ―comentó Kristin que parecía estar
un tanto mejor de humor.
―¡Claro, cuenta conmigo! ―saltó Anton inmediatamente.
―Joder hermano, jamás ya antes te había visto tan conmovido por ir a una
disco ―comentó Angy entre risas.
Anton procuraba ocultar algo, lo conocía bastante bien y apreciaba algo
extraño en su forma de actuar desde que nos habíamos sentado para cenar.
Parecía más… ¿alegre?
―No sé, es el último día acá ¿no? Me semeja buena idea.
Tras concluir fuimos saliendo cara nuestros camarotes para vestirnos con
nuestras mejores galas.

―Oye Ann, ¿dónde te has metido esta tarde al final? ―me preguntó la
curiosa de mi hermana una vez en el camarote.
―Fui a dar una vuelta, ya te lo afirmé.
―¿Tú sola?
Tanta insistencia no me agradó mucho con lo que supuse que me había visto
acompañada y deseaba sonsacarme información.
―Me viste con Max ¿no? Pues déjate de tanto interrogatorio estúpido y ve al
grano ―dije mientras que escogía un short y un top que me encantaba.

―Jajaja, ¿de qué manera sabes que os he visto?
―Angélica, que soy tu hermana, te conozco demasiado ―hice una pausa y
la miré. Seguía con cara de aguardar una respuesta―. No pasó nada entre
nosotros ―añadí enseguida.
―Pero te agrada, ¿no? Además quién sabe si le volverás a ver entonces en
Nueva York, tal vez esta noche deberías irte en solitario con él y lanzarte. Parece
que ya no le resulta interesante ni Julia ni Kris. Tienes vía libre.
Angy llevaba razón en una cosa; ¿y si no le volvía a ver al bajar del navío?
Estaba segura de que veríamos a Simon y Kristin pues nos íbamos a quedar
con ellos en su casa mas, ¿y los gemelos? No sabíamos qué sucedería con ellos
cuando llegásemos a Nueva York. Me daba saña asimismo la posibilidad de no
proseguir viendo a Julia quien se había transformado en una buena amiga para mí y
no deseaba perderla.

Kristin, una vez ya arreglada, estaba a puntito de salir en pos de su
hermano para ir juntos cara la disco en el momento en que unos golpecitos en la puerta
hicieron que abriese y se enfrentase a quien estaba esperando tras
ella.―
Max…
Al verle nuevamente tan cerca hizo que el corazón le latiera al límite. Iba
muy, muy guapo, para él sus mejores galas era del mismo modo tallas más grandes de lo
normal mas iba muy combinado. Kristin recibió un golpe de fragancia a su perfume
frecuente que le hizo rememorar instantes íntimos a su lado.
―¿Puedo pasar un segundo? ―preguntó sacándole de sus pensamientos.
―S-sí, claro ―le dejó pasar al interior y cerró la puerta.
―Estás muy guapa, Kris. ―sonrió dulcemente.
―Por favor, si debes decirme algo dilo ya. Tengo prisa.
Max se aclaró la garganta, algo inquieto. Kristin no estaba para estupideces.
Sentía mucha pena por ella. El inconveniente que guardaba en su interior era muy
grave y de alguna manera deseaba que terminara contándoselo personalmente.
―Quiero que sepas que siento mucho si te he hecho opinar que … Bueno
que… ―No hallaba las palabras precisas.

―¿Que sentías algo por mí? ―le ayudó―. No te preocupes, ya me he dado
cuenta de que no es así; demasiado tarde mas me he dado cuenta.
―Te solicito perdón nuevamente ―agachó la cabeza―. Quiero proseguir siendo tu
amigo y que prosigas contándome tus cosas.
―¿Para qué? ―se encogió de hombros―. Si desde mañana
vas a desaparecer de mi vida, de la misma manera que yo de la tuya.
―Joder Kristin, no seas de esta forma ―le miró a los ojos―. Seguiremos viéndonos,
tienes mi número de móvil y me voy a quedar allá todo el verano probablemente
por la movida de la discográfica con lo que vamos a poder vernos ―hizo una pausa y
añadió―: Si deseas, claro.
Kristin se mordió el labio sin saber qué más decir, le quería mucho
para decirle que se olvidase de ella. No deseaba separarse de él y si al
menos iba a poder verle debía alegrarse por este motivo. De todas y cada una formas poco le
quedaba por gozar y lo sabía más que absolutamente nadie.

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