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Cristina (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Cristina
Autores: María M. Villén
Editorial: Editorial LxL
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 1.00MB
ASIN: B0821NB9P7
Idiomas: Español
Literatura: Novelas Románticas
Páginas: 256
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Cristina, una estudiante de Bellas Artes de diecinueve años, coincide con Carlos, un atractivo millonario de más de treinta, en una de las discotecas de moda de la ciudad. Aunque ella no lo sabe, es el vástago de una de las familias más ricas del país, que ha venido a hacer negocios con Santiago Altamiranda, dueño y señor de todos los negocios de la zona y del gran complejo Dark Side, donde se ofrecen todos los placeres a manos de prostitutas de lujo.

Aprovechando una deuda con el padre de Cristina, Santiago la obliga a trabajar para él en el complejo. Así es como la joven, apenas una niña, empieza su horrible andadura en el mundo de la trata de mujeres.

Aterrada por la amenaza de matar a su padre si se marcha, será víctima de todo tipo de vejaciones, a pesar de los intentos de Carlos por sacarla de aquel lugar, a sabiendas de que Santiago la está utilizando contra él, aprovechando la atracción que siente por ella.

Una noche, un año después, aparece en el Dark Side Javier, un joven policía que busca a una chica desaparecida y que, sospecha, se encuentra en las redes de Altamiranda. Javier se siente atraído por Cristina desde el primer momento en que la ve, y descubrirá enseguida que algo ha sucedido entre ella y el famoso Carlos Olmedo, algo que lo intriga enormemente. Lo que averiguará acerca del trato que reciben las jóvenes mientras lleva a cabo su investigación, lo atormentará toda su vida

Leer el primer capítulo:

Una vez en la habitación, ella procedió a desabrocharse la camisa de seda y él la detuvo
enseguida, colocando su mano sobre la de la chica.
—No. Solo quiero saber dónde está Cris.

Dina parecía terriblemente confundida mientras lo miraba a los ojos intentando averiguar qué le
pasaba a este hombre con su compañera de cuarto y por qué no le había prestado atención desde
que se habían sentado juntos.

—Yo no puedo darte esa información. —Dejó de tutearlo.
Carlos recurrió a todo su encanto al tomarla por los hombros y decirle dulcemente:
—Por favor, solo quiero saber que está bien.
Esa actitud siempre le funcionaba con todas las chicas y no estaba mintiendo, necesitaba saber
cómo se encontraba. De hecho, había ido solo para eso.
—Está bien.

—¿Dónde está?
—No puedo decírtelo.
—He hecho un largo viaje para verla. Por favor, si sabes dónde está, dímelo. Estoy muy
preocupado.
Ya se había dado cuenta de que con Dina no valían las súplicas. Era de su edad, quizá mayor, y
llevaba demasiado tiempo en aquello como para arriesgarse a nada por un hombre al que no
conocía. Pero también sabía que el dinero podía ser un buen aliciente. Sacó un fajo de billetes de
su cartera y se lo puso en la mano.

—Por favor. —«Te daré lo que me pidas».
—Aunque te lo dijera —ella misma se dio cuenta de que había empezado a tutearlo de nuevo—,
no podrías verla. Está en una zona del hotel reservada a las que trabajamos aquí.
—Llévame con ella —le suplicó, tomándola de las manos.
—No. Lo siento. —Le devolvió su dinero y él lo rechazó.
—Sé que le ocurre algo. Todo el mundo se está esforzando demasiado en ocultar dónde está.
Dina se sentó en la cama un momento y se quitó los zapatos de tacón mientras se masajeaba los
pies.

—Si quieres llegar a su cuarto, tendrás que salir por la puerta de atrás del hotel. Justo enfrente
hay un edificio de una sola planta. Tercera puerta a la izquierda. Pero uno de los hombres de
Altamiranda estará vigilando.

—Nos quedaremos aquí un buen rato, ¿de acuerdo? —Él sonrió y se acercó al bar—.
Tomaremos una copa y charlaremos. Después, si quieres, puedes marcharte. Yo iré a buscarla.
—Si te pillan, sabrán que te lo he dicho yo.
—¿Por qué me lo has dicho, Dina? —le preguntó Carlos con bastante curiosidad—. Ha sido
más fácil de lo que pensaba.
—Porque tu mirada me recuerda a la de alguien que una vez me buscó a mí. ¿De qué os
conocéis tú y Cris? —quiso saber ella, a expensas de que, si se tratara de un cliente normal,
estaría rozando los límites.
—Es una larga historia. —Carlos le sonrió y luego añadió con otra sonrisa irresistible—:
Siempre quise contestar eso, la verdad. Lo cierto es que sé que no podré recuperar la paz hasta
que la haya sacado de este lugar.

Hora y media más tarde, Dina volvió al salón con su dinero. Allí, en una esquina de la barra,sosteniendo una copa y sonriendo ampliamente, la esperaba Santiago. Nada más acercarse a él, le
cogió la cartera de mano y sacó todo el dinero que sabía que había dentro. No en vano tenía
cámaras en todas partes, incluso en las habitaciones de las chicas.
—Así que Romeo ha picado. ¿Algo más que deba saber?
Dina negó nerviosamente con la cabeza.
—Muy bien, preciosa. Tómate una copa. Invita la casa.

Cristina – Maria M. Villen.epub
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