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¡Dañado! (Pdf o Epub) (03)

¡Dañado! (Pdf o Epub) (03)

Ficha

Título: ¡Dañado! (Los hermanos Walker 5)
Autores: J. S. Scott
Serie: V de Los hermanos Walker
Editorial: CS Luis
Fecha: 02 ene 2020
Tamaño: 2.13MB
Isbn: 9326782167342
Idiomas: Español
Literatura: Novelas Románticas
Páginas: 267
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Me llamo Dane Walker y estoy total e irremediablemente roto. Perdí toda mi vida en el accidente de avión que mató a mi padre y me dejó marcado, tanto física como emocionalmente, con mi vida pendiendo de un hilo en un hospital, único superviviente del accidente. No estaba en condiciones de funcionar en la ciudad, así que me mudé a mi propia isla privada en las Bahamas para lamerme las heridas en soledad.

Había pasado toda mi vida adulta construyendo mi existencia solitaria en Cayo Walker. Estaba bien solo. Me había resignado a mi destino. Pero entonces la conocí. Mis hermanos la enviaron; yo quería hacer que se marchara. Pero… no pude.

Algo en Kenzie Jordan me recuerda a mí mismo. Está dañada, como yo. Quiero salvarla de los secretos que oculta, sean cuales sean. La vida le dio una mano muy dura y es la mujer más fuerte que he conocido. No podía dejarla tirada en la calle, así que decidí quedarme con ella, aunque me costara mi tranquilidad.

Cierto, quería a Kenzie en mi cama. La química está ahí desde el momento en que la vi, candente. Pero me deja anhelando algo… más. Yo pensaba que estaba ayudando a Kenzie… hasta que ya no lo hacía.

Resulta que quizás terminemos ayudándonos mutuamente. Ella es la cura para mi profunda soledad. ¿Puede ser suficiente un hombre hecho polvo y solitario como yo para una mujer como ella? Eso espero, porque no pienso dejarla marchar nunca… (less)

Leer el primer capítulo:

D ecir que me dejó atónita lo que Dane quería mostrarme habría sido un eufemismo. Me condujo
a la parte trasera de la casa y me arrastró a una habitación que nunca había visto, un porche
cubierto que supuse apenas utilizaba. Había pasado junto a la sala yo misma cuando exploraba la
casa, pensando que la puerta cerrada era un armario o una zona de almacenaje.

Era un espacio bastante grande, y era precioso. Estaba climatizado, pero alguien había abierto
unas cuantas de las muchas ventanas para que el sonido del océano fuera claro dentro de la sala.
—Ni siquiera sabía que esta habitación estaba aquí —le dije al entrar, deteniéndome tan
abruptamente que Dane chocó contra mi espalda.

—Nunca la uso —comentó mientras me sujetaba—. Tengo otros porches enormes, así que
supongo que no lo había necesitado hasta ahora. ¿Qué te parece? ¿Puedes trabajar aquí?
Tardé un minuto en comprender a qué se refería.
Miré a mi alrededor hasta que finalmente me percaté de que la sala estaba preparada para
hacer alfarería. Y estaba equipada con el mejor equipo de última tecnología. Mi experiencia
provenía de trabajar en un viejo torno de alfarero con viejos hornos y procesadores en un centro
cultural local de Massachusetts.

—Este equipo es increíble —musité recorriendo la sala y acariciando uno de los tornos con la
mano.
—Es tuyo —farfulló a mi espalda—. Theo y yo lo instalamos, pero puede que necesite a
alguien con más habilidad para entender cómo funciona.
—Incluso tienes equipo para hacer piezas de bizcocho —dije, aún maravillada ante el volumen
de equipo que había llevado allí—. Y pueden pintarse.
—Puedo pintar algunas para ti, pero no estoy seguro de que mi trabajo sea exactamente lo que
quieres en alfarería.

Yo me eché a reír.—Tendría loza demasiado cara como para sentirme cómoda comiendo o bebiendo de ella. —
Quizás no estuviera segura de cuánto podría costar una pieza de alfarería con la firma de Dane,
pero solo sería una bonita pieza de exposición—. ¿Cómo supiste qué comprar? —Pregunté.
Sinceramente, estaba estupefacta de que hubiera montado una sala de cerámica cuando nunca
pensaba utilizarla.
Él se encogió de hombros.
—Simplemente compré lo que me dijeron que sería útil en una sala de cerámica.
Solté una carcajada de sorpresa.

—Parece que te vendieron toda la tienda.
—Quería asegurarme de que tuvieras todo lo que necesitaras. ¿Te gusta?
Yo me volví a mirarlo.
—Es alucinante. En serio, no sé qué decir.
Un simple gracias no parecía suficiente. Lo que más me conmovía era el hecho de que Dane
hubiera hecho aquello con el único objetivo de hacerme feliz. ¿Quién hace cosas así? Yo no
necesitaba nada de todo aquello, pero estaba impaciente por intentar hacer algunas piezas ahora
que tenía una sala de cerámica.

Ni siquiera podía fingir que Dane lo hubiera hecho con ningún otro propósito que el de
contentarme en la isla, y no estaba segura de cómo lidiar con eso. No sabía cómo lidiar con él.
Nunca me había preocupado de hacerme feliz a mí misma. Demonios, ni siquiera había pasado de
mantenerme con vida. ¿Qué decirle a alguien que había hecho algo costoso y probablemente arduo
simplemente porque creyó que quizás me gustaría?
—No digas nada —sugirió—. Simplemente dime si tiene todo lo que necesitas.
—No puedo creer que hayas esto hecho por mí —respondí con sinceridad—. Nadie se había
tomado nunca tantas molestias por mí.

Los ojos se me inundaron de lágrimas mientras seguía mirándolo.
—Ay, Dios. No llores, joder, Kenzie —suplicó con voz ronca.
—No puedo evitarlo. ¿Por qué has hecho esto? Solo soy una empleada.
—Dijiste que te gusta trastear con la alfarería. ¿Y qué tiene de malo hacer algo bueno por un
empleado? Eso por no decir que eres más que una empleada para mí, Kenzie.
—Me gusta trastear con la alfarería, sí. Pero no tenías que hacer esto —dije sintiéndome
culpable y, sin duda, nada digna de su gesto.
—Quería hacerlo —protestó él.

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