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La ladrona robo su conde (Pdf o Epub) – (01)

Ficha

Título: La Ladrona Robo Su Conde
Autores: Christina McKnight
Editorial: La Loma Elite Publishing
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 1.16MB
Idiomas: Español
ASIN: B07F3JZX13
Literatura: Novelas Románticas
Páginas: 278
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

La señorita Judith Pengarden tiene problemas: su familia tiene deudas y pronto perderán su hogar. ¿Qué debe hacer una buena hermana para salvar a los que ama de la ruina? Bueno, robar algunos pocos objetos de la casa de un aristócrata

—objetos que, de seguro, nunca extrañarán— y venderlos para pagar las deudas de su familia. Por fortuna, para ella, conoce a Simon Montgomery, el nuevo conde de Cartwright, un solitario conocedor de antigüedades. Puede ayudarla a evitar la prisión por deudas y, tal vez, también pudiera reclamar su corazón. Salvo que, en lugar de robar en la residencia del vecino de Simon, entra en la casa equivocada…

Simon está determinado a cambiar la forma en la que el mundo ve a su familia, aunque signifique que no pueda cumplir sus sueños de ser un académico para asumir su nuevo título. Cuando un ladrón irrumpe en su hogar y roba una preciada reliquia familiar, jura recuperarla. ¡Lo último que espera es que la joven que conoce en una fiesta al aire libre sea una ladrona! Cuando es descubierta con sus posesiones, ¿de qué forma podrá ella convencerlo que, a pesar de su decepción, su amor por él es verdadero?

Leer el primer capítulo:

La señorita Judith Pengarden tendría que estar en cualquier lugar menos en
los oscuros pasillos de la casa londinense de Lord Gunther, con la espalda
pegada a una pared helada. Tal vez, en una cena tardía con sus hermanos o en
otro juego de cartas donde pudiera probar suerte —su hermana menor había
insistido en que aprendiera a jugar—.

O, incluso, en la ópera. Sin embargo,
ella estaba, de hecho, escabulléndose por el interior de un hogar que
necesitaba una renovación completa. Era difícil entender por qué su hermana
gemela, Samantha, pensaba que había algo de valor en esta casa descuidada y
olvidada desde hacía tanto tiempo.

Durante la hora en la que Jude había recorrido el mohoso segundo piso a
la luz de las velas, no había descubierto más que polvorientas cortinas de tela,
reliquias familiares descuidadas y muebles de madera sin pulir. Era imposible
imaginar a alguien que viviera entre estas paredes, y mucho menos que

conservara un jarrón precioso, antiguo y muy valioso, descuidadamente en una
mesa auxiliar.
Oh, tendría que haberlo imaginado antes que confiar en ti, murmuró
Jude, maldiciendo al tiempo su propia incapacidad para ver más allá de las
fábulas de su gemela. Era más probable que Sam ni siquiera hubiera conocido
a lord Gunther, ni que le hubiera oído alardear de su preciado jarrón.

Buscó en la citadina casa venida a menos y con solo esta ala para explorar.
Dando una última vuelta, Jude miró por el pasillo corto y oscuro; sabía que
esta era su última esperanza de encontrar lo que había venido a buscar, aquello
por lo que estaba arriesgando el cuello.

Inmediatamente, se dio cuenta de que este salón estaba mejor cuidado que
el resto de la casa; los suelos estaban limpios, si no pulidos hasta brillar, las
largas cortinas estaban sostenidas por cordones finamente atados, y una
pequeña mesa estaba ubicada justo a la izquierda de un par de puertas dobles.
Jude había encontrado las habitaciones privadas del señor.
Finalmente.
Se tomó firmemente la larga falda con la mano, corrió al final del pasillo y
se detuvo delante la mesa.Como un ave segura en su nido, allí reposaba. Lo que había hecho que
arriesgara todo; la limpia superficie de porcelana, sin polvo acumulado que
opacara los finos colores y el exterior ingeniosamente diseñado.
Se quedó sin aliento mientras admiraba la belleza atemporal de la pieza,
solo opacada por su valor.

Se le hacía cada vez más difícil respirar mientras levantaba los dedos y
tocaba suavemente el jarrón; sentía las ligeras ondulaciones de las pinceladas
del artista mientras él —o ella— con delicadas manos pintaba la pieza. O eso
ella imaginó.
La idea de tomar el objeto entre las manos y bajar el tramo de escaleras
para escabullirse hacia el carruaje que esperaba varias casas al final de la
calle y a la vuelta de la esquina, la aterrorizaba.

No es que ella —y Sam— no hubieran planeado esta artimaña con
cuidado, pero Jude nunca había imaginado irrumpir en la casa de otra persona
para robar algo de tamaña importancia. Una vez que ella sostuviera el jarrón,
lo sacara de la casa de Lord Gunther, y lo vendiera por una importante

cantidad de libras como para resolver las deudas de su familia y alimentar a
todos los ocupantes de Craven House durante muchos años, se le agregaría un
peso a los hombros. Cruzaría una línea y no sería fácil volver atrás.
Jude retiró la mano como si el jarrón la hubiera quemado.

Tal vez podría decirle a Sam que no había encontrado la pieza,
convencerla de que probablemente nunca existió, de que el plan había sido
defectuoso desde el principio y que encontrarían otra forma de ayudar a la
familia. Sin embargo, sabía que sus opciones eran limitadas y que su tiempo se
acababa con rapidez.

Jude negó con la cabeza y descartó así cualquier duda persistente. Su
familia necesitaba ayuda, y si ella y Sam podían proporcionar a su hermana
mayor una mínima seguridad financiera, entonces se lo debían.

Y esa salvaguarda, la respuesta al dilema de Craven House, estaba frente a
ella, esperando que la tomaran… todo llamaba a Jude para que la sacara de
esta casa polvorienta y destartalada y la llevara hacia un nuevo propietario
que adoraría su delicadeza como era debido.
El jarrón prácticamente le suplicaba que lo tomara y lo liberara de sus
crueles circunstancias.

La Ladrona Robo Su Conde – Christina McKnight.epub
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