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La voz dormida (Pdf o Epub)

Ficha

Título: La voz dormida
Autores: Dulce Chacón
Editorial: Daisy Magic Edition
Fecha: 07 feb 2020
Tamaño: 1.09MB
Idiomas: Español
Género: Libros de Terror
ISBN-10: 8466332502
Páginas:
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Un grupo de mujeres, encarceladas en la madrileña prisión de Ventas, enarbola la bandera de la dignidad y el coraje como única arma posible para enfrentarse a la humillación, la tortura y la muerte. Pocas novelas podemos calificar como imprescindibles.

La voz dormida es una de ellas porque nos ayuda a bucear en el papel que las mujeres jugaron durante unos años decisivos para la historia de España. Relegadas al ámbito doméstico, decidieron asumir el protagonismo que la tradición les negaba para luchar por un mundo más justo.

Unas en la retaguardia y las más osadas en la vanguardia armada de la guerrilla, donde dejaron la evidencia de su valentía y sacrificio.

Leer el primer capítulo:

Estaba en Ventas con dos hermanas suyas, juzgadas y condenadas las tres por ser de
las juventudes. Las tres estaban en Ventas, aunque nunca les dejaron estar juntas en la
misma celda. Dos veces fue juzgada Joaquina. Dos veces condenada a muerte.

De la
primera condena se salvó, se la conmutaron por veinte años. Y en dos días,
cumplieron la segunda. Dos días.
Unos años, unas semanas, unos meses, unos días.
Unos días, tal vez dos, tal vez tres.

Reme y Elvira permanecerán junto a Hortensia fingiendo calma. Elvira dará sus
clases de alfabetización sólo cuando las dé Hortensia. Reme no irá al taller de costura
para no dejar sola a su compañera ni un solo instante, y las tres dejarán de acudir a la
ventana para ver a Tomasa.

Y Tomasa echará de menos sus cabezas pegadas al cristal.

—Mal fario, que seamos trece en el expediente, mal fario. Trece, el número de la
mala sombra, y el de las menores.

Hortensia deja de escribir y se lleva el extremo del lápiz a la boca.
—No te hagas sangre pensando en eso, Hortensia.
Pero Reme no puede dejar de pensar en las trece menores, aunque le pida a
Hortensia que no piense en ellas. Se las llevaron a la capilla en la medianoche del día
siguiente al juicio, el cuatro de agosto.

Ya podemos acostarnos, había dicho Anita
después de esperar hasta las doce. Anita no se durmió, pero a Victoria y a Martina las
tuvieron que despertar para llevárselas. Reme piensa en aquel cuatro de agosto.

Recuerda la palidez de la funcionaria que fue a buscarlas, el susto que llevaba en el
cuerpo tapado con la capa azul marino. Recuerda que Victoria comenzó a llorar
cuando la despertaron. Abrazó a una compañera y lloró el desconsuelo de su madre,

su hijo mayor acababa de morir en comisaría, y ella y Gregorio, los dos hijos que le
quedaban, morirían al alba. Primero Juan, ahora Goyito y yo, repetía llorando.

Hortensia guarda el cuaderno y el lápiz debajo de su petate. Saca de su bolsa de
labor un faldón y lo coloca sobre su vientre para mostrarlo a sus compañeras.

—Ya te queda muy poco.
—No te creas, hay que hacer muchas filas de punto de cruz, para que esté bien
fruncidito. Mira.
La niña pelirroja mira el faldón, pero no se atreve a mirar a Hortensia. No la mira
a los ojos desde que regresó del juzgado. No se atreve a mirarla. Y no sabe por qué.

Quizá tema que Hortensia descubra su miedo a la muerte. O quizá teme descubrir la
mirada de la muerte en los ojos de la mujer que va a morir. O tal vez sea pudor y no

se atreve a mirarla simplemente por eso, por pudor. Retira la vista de la prenda
infantil y se sienta de espaldas a Hortensia. Reme ha sacado también su bolsa de
labor, y teje una mantilla blanca.

La voz dormida – Dulce Chacon.epub
La voz dormida – Dulce Chacon.pdf

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