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Demasiado para mí (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Demasiado Para Mí
Autores: Victoria Dahl
Serie: II de Jackson Hole
ASIN: B081CSGQNN
Editorial: Acantilado
Fecha: 30 dic 2019
Tamaño: 1.04MB
Idiomas: Español
Literatura: Novelas Románticas
Páginas: 342
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Merry Kade acababa de conseguir el trabajo de sus sueños y había llegado el momento de que su vida cambiara. Era la nueva comisaria de un museo de Wyoming e iba a encargarse de supervisar muchos trabajos de restauración. Por suerte, había encontrado al constructor perfecto para las obras.

Shane Harcourt no podía creer que alguien quisiera convertir un pueblo fantasma en un museo. Además, lo que menos deseaba en el mundo era que el rancho de sus sueños se convirtiera en una atracción para turistas. Estaba dispuesto a trabajar en el proyecto, pero solo para acelerar su fracaso. Eso, hasta que la mujer bella e inteligente que lo dirigía empezó a hacer que cambiara de opinión.

Por primera vez en su vida, Merry tenía a un tipo guapísimo siguiéndole los talones. Sin embargo… ¿podía confiar en aquel hombre fuerte y silencioso, por mucho que fuera una fuerza de la naturaleza en la cama?

Leer el primer capítulo:

El ruido de la tostadora, que ya le resultaba familiar, sacó a Merry de un profundo
sueño. Abrió los ojos e inmediatamente tuvo que volver a cerrarlos, porque la luz del
sol era muy fuerte y se colaba por la apertura de las cortinas del salón.

–¿Ya estás harta de mí? –gruñó, con la voz amortiguada por la almohada. Era la
misma pregunta que hacía todas las mañanas. En algún momento, la respuesta sería
afirmativa, pero aquel día, no, gracias a Dios.
–¿Estás de broma? –preguntó Grace, desde la cocina–. Si te echo, perderé más de la
mitad de los muebles de la casa.

–Y un sofá cama con demasiada presencia.
–Por no mencionar a mi mejor amiga –dijo Grace, y apareció junto al sofá con una
taza–. ¿Café?
–Dios, te quiero –dijo Merry.
–Me estás utilizando por mi café.
–Y por tu apartamento.

–¿Quieres dejar eso ya? –protestó Grace–. Además, se supone que tienes que decir
que me estás utilizando por mi cuerpo. Eso haría que me sintiera guapa.
Merry se incorporó y le dio un sorbo al café. Después, cabeceó.
–Ni hablar. Yo no quiero ser el segundo plato y, por lo que veo, Cole ya te ha estado
utilizando.
Grace soltó un resoplido.
–Puede ser. O, a lo mejor, he estado utilizándolo yo.
–Y yo que creía que la cojera que todavía le queda era por la operación.
Grace se había dado la vuelta para marcharse, pero se giró de nuevo y le dio un
beso en la cabeza a Merry.

–Bromas aparte, me alegro de que estés aquí. Te he echado de menos. Quédate lo
que quieras. Seis meses. Un año. No importa.
–Sí, quiero estar durmiendo en tu salón durante un año –repuso Merry, con un
resoplido.

Sin embargo, solo era fachada; en realidad, dormiría con gusto en el suelo con tal deestar con su amiga. Habían estado viviendo a dos mil cuatrocientos kilómetros durante
tres años, y había echado de menos tenerla cerca. Para ella estaba muy bien el salón.
No necesitaba una cama grande ni una puerta con pestillo. No había ningún hombre
esperándola; incluso había dejado de masturbarse hacía seis meses. Se había hecho
célibe incluso en la imaginación, porque su inacabable periodo en dique seco había
terminado por vencerla. Así pues, se había rendido y había empezado a hacer
crucigramas en su teléfono móvil.

–Voy a hacer el desayuno –dijo, después de haberse tomado unos cuantos sorbos de
café.
–Ya lo he hecho. Bagels tostados. Mi especialidad.
Media hora después, estaban saliendo por la puerta. Merry dejó a Grace en el
estudio de fotografía donde trabajaba, buscando exteriores para rodajes de películas y
preparando sets, y se dirigió hacia las afueras de Jackson, hacia el valle que había más
allá del pueblo.

Llevaba una semana allí, pero las montañas seguían sorprendiéndola. Bueno,
sorprender no era la palabra; la maravillaban. Le hacían sentir reverencia. Hacían que
se sintiera pequeña, y eso le gustaba. Aunque no tuviera la estatura de una modelo,
medía un metro setenta centímetros y siempre destacaba. Ojalá fuera más bajita, como
Grace. Ojalá pudiera esconderse entre la gente, en vez de sentirse siempre demasiado
alta y torpe. Tenía un cuerpo que estaba bien, pero no sabía nada de ropa, ni llevaba
tacones. No sabía maquillarse sin la ayuda de Grace, y siempre iba en vaqueros y
camiseta.

Sin embargo, eso ya no tenía importancia. Ya no estaba en Texas, donde las chicas
nacían con un peinado perfecto y las uñas pintadas, y con la capacidad innata de andar
en tacones incluso antes de saber gatear. Aquello era Wyoming, y ella trabajaba en un
pueblo fantasma.
Con una sonrisa, giró el volante hacia una carretera que llevaba a un rancho, y oyó
la gravilla golpear en el chasis del coche. Allí no podía ponerse otra cosa que no fueran
pantalones vaqueros y camisetas; tal vez, cuando el museo estuviera en marcha, sí
podía cambiar de indumentaria, pero, por el momento, su lugar de trabajo era un
pueblo de casas destartaladas de madera gris que la esperaban cada día como si fueran
una aventura.

Bueno, en realidad, aquel pueblo no le pertenecía, pero sonrió de nuevo al ver la
aguja de la iglesia a lo lejos. La carretera volvió a descender hacia el valle, y la iglesia
desapareció.

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