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Mi mejor casualidad (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Mi mejor casualidad
Autores: Mireia Hernández Bellavista
Editorial: Ediciones Versátil
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 0.51MB
ASIN: B07Y3B8T42
Idiomas: Español
Literatura: Novelas Románticas
Páginas: 289
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Laia es una chica que tiene todo lo que ha soñado, pero su zona de confort se ha derrumbado. Decide escapar para encontrarse.
¿Será capaz de encontrarse a sí misma?
¿Podrá cerrar la puerta del pasado?

Matt es bombero y un «cabra loca» en el amor. Nunca repite.
Pero un pequeño roce lo cambia todo.

¿Qué tiene Laia que hace que Matt quiera más de ella?
¿Qué tiene Matt que revoluciona a Laia, sin poder controlarse?
¿Sabrá Matt dominar su nueva situación?

¿Es el destino o es su mejor casualidad?

Leer el primer capítulo:

—¿Charlotte? ¿Charlotte?, ¿puedes hablar o no? —Ya estaba haciendo de
las suyas, no entendía por qué me proponía hacer una videollamada si no tenía
cobertura, era una de las cosas que odiaba de mi prima.

—¡Laiaaaa!, ¡sí, sí, ya está! Que el buenorro de mi jefe me ha cogido por
banda para que mañana tenga los cafés preparados, porque hay reunión con los
accionistas y quiere que esté todo listo. Ya sabes…, cosas que hacemos las
personas importantes. —Puso una de sus caras de interesante.

—Venga, Charlotte, déjate de tonterías. Bueno, vamos al lío. Ayúdame y
dame ideas para poder decir a Marc que quiero dar el paso e irme a vivir con
él, después de insistirme durante un año. ¿Le dejo mi cepillo de dientes en el
baño?
—¿Para qué? Plántate ahí con las maletas y lo entenderá todo…
—Ay… No sé, lo quiero hacer de forma especial. Es mi primero en todo y sé
que va a ser el hombre de mi vida, aunque últimamente con su proyecto de la
nueva empresa y la separación de sus padres no esté muy fino. Por eso me he
animado a dar el paso para poder estar en esos momentos con él.
De repente oí un soplido de aburrimiento; era ella, mi prima, desde el otro
lado de la pantalla poniendo cara de vómito…

Para Charlotte no había chico para mí, decía que yo era una persona que se
conformaba con cualquier cosa, que siempre me parecía bien todo, pero no era
así. Marc y yo llevábamos cinco años juntos, él pasó por uno de mis peores
momentos a mi lado, cuando a mi padre le diagnosticaron cáncer y mi madre
perdió a su madre. En mi casa se respiraba tristeza, pero con dieciocho años
tuve que coger las riendas y hacer como que no pasaba nada. Sonriendo cada
vez que se giraban para mirarme e intentando ayudar en todo lo que podía sin
que ellos se sintieran mal.

Charlotte también me ayudaba, pero a través de la pantalla. Ella estudió
Programación Científica; desde la universidad le brindaron la oportunidad de
crecer y no lo dejó escapar, enfocó su objetivo y voló, cada vez brillaba más.
Aunque estuviera a siete mil seiscientos kilómetros de mí, la notaba muy
cerca. Era mi protectora, mi aire de sinceridad.

—¿Qué te pasa, Charlotte? Sé que Marc no es santo de tu devoción, peroestoy bien a su lado y él me hace feliz.
—Bueno, venga, déjate de tonterías. Ya sabes que ni él ni yo podemos estar
en la misma habitación, el amor es mutuo. Si irte a vivir con él es lo que
quieres hacer, yo no lo dudaría: me iría a su casa con las maletas y le daría la
sorpresa. ¿Tú sabes dónde está él ahora?

¡Cling!, (se me iluminó el móvil); parecía que supiera que estábamos
hablando de él, era un mensaje de Marc.
—¿Qué dice tu príncipe azul? —Me giré, cogí el móvil y se me dibujó una
sonrisa, pero empecé a leer el mensaje y se me borró de repente.
—Que se tiene que quedar un poco más en la empresa, porque ha llegado
tarde el chico de la financiera que les daba la subvención y la cosa va para
largo. No puede quedar para cenar.

Los mensajes de Marc eran cada vez más directos —sin saludarme, sin
despedirse—, pero era comprensible debido a la situación por la que estaba
pasando y todos los nervios acumulados. Charlotte dio una palmada y con
euforia dijo:

—¡Pues ya está! Aquí tienes la oportunidad, haz viajes llevando tus cosas a
su casa. Hazla como tuya, dejando en cada rincón objetos de tu pertenencia, de
manera que cuando llegue esta noche se lo encuentre todo por ahí y te
encuentre a ti en el dormitorio… Y, ya sabes, si luego encarta…
Se le escapó una sonrisa.

—¡Charlotte! No sé cómo puedes aprovechar cada segundo para hablar del
tema. Pero te tengo que confesar que me parece buena idea. Te voy a dejar,
voy a hacer la maleta…, ¡que me voy de casa! Por cierto, me dejo puesta la
lencería sexi, ¿no? ¡Ja, ja, ja, ja! —Se me escapó una carcajada. Y le di a
colgar, porque mi prima iba a soltar alguna de las suyas, ya que se le quedó
una cara de pillina…
¡Cling! Era ella; me decía:
—Te odio por colgarme, pero quiero que sepas que si tú eres feliz yo tb
xxx

Ya era el quinto y último viaje que daba a casa de Marc con todas mis
cosas. Pedí japo para cenar, para mí sola, claro. Marc no daba señales de
vida; podía ser que se le hubieran complicado las cosas y no quería
molestarlo. Solo quería que pasaran las horas para que viniera a casa y me
encontrara allí.

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Mi mejor casualidad – Mireia Hernandez Bellavista.epub
Mi mejor casualidad – Mireia Hernandez Bellavista.pdf

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