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Una noche loca (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Una noche loca
Autores: Liah Jones
Editorial: Ediciones Versátil
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 0.30MB
ASIN: B0812B1FTC
Idiomas: Español
Literatura: Novelas Románticas
Páginas: 267
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Llega la cena anual de empresa y se celebra una gran fiesta, en la ciudad condal. Dos amigas y compañeras deciden disfrutar de la noche… ¿Lo que pase en Barcelona, se quedará en Barcelona…?
Una historia de emociones, amistad, complicidad y sexo. No recomendada para menores de dieciocho años, por contener escenas de sexo explícito.

Leer el primer capítulo:

Eres hermosa nena… cachonda y viciosa, me encantas.
Besándome cariñoso la mejilla y la orejilla, me sentí temblar nada más el roce se hizo más
profundo sobre la oreja. Lamiéndola y besándola al pasar la lengua y los labios por encima. Un
murmullo de puro goce se apoderó de mí, suspirando entregada por entero a tan encantadora
caricia. Las babas de mi macho corriéndome el rostro abajo, descontroladas sin nadie que les
pusiera coto. Nos besamos boca contra boca, mi mano echada atrás buscándole atraer.

Los brazos poderosos me dominaban en su fuerza robusta, empequeñecida ante lo musculoso
de los mismos. Gemíamos, bramábamos excitados, notando sus bufidos desbocados contra el
rostro. Y una vez más empezó a darme, adentro y afuera, primero lentamente entrándome hasta la
mitad y luego un fuerte empujón con el que clavármela entera. El vientre contra las nalgas,
escuchándose su golpeteo cada vez que se hundía por completo. Yo sollozaba suplicando más,
aguantando la respiración con cada nueva penetración.
—¿Te gusta… te gusta putita?

—Oh sí… me encanta, sigue —las manos enganchadas en las caderas bajo su constante
percutir.
—Me tienes loca… más fuerte, más fuerte…
¡Dios, qué salvaje se mostraba en su potencia incansable! Empujándome furioso y con fuerza
inaudita, haciéndome vibrar con su continuo ir y venir sacudiéndome con brusquedad y sin
compasión alguna. Una, dos, varias veces hasta quedar finalmente detenido escapando de mi
coñito.
—¡Qué salvaje, qué salvaje mi amor! —fue lo único que pude decir, buscando aire que
respirar.
Girándome hacia él, quedé enfrentada al miembro brillante y palpitante. Un coloso hercúleo
que me provocaba con su fuerza y posición orgullosa mostrándose elevado y curvado hacia arriba.
Entrecerrando los ojos, lo tomé entre los dedos como adorándolo.

Era tremendo, recio, firme y
dispuesto a seguir. Acercándole la boca solo pude pasarle la lengua a lo largo, rozándolo de
arriba abajo y notándome estremecer ante lo fornido del largo instrumento. Volví a pasarle la
lengua por el grueso tronco.
—Tremenda polla la que gastas —tomándola con delicadeza entre las manos y elevando la
mirada arriba en busca de aliento por parte del moreno.
—Me encanta, me encanta… dios, qué enorme…

—¿La quieres nena? Chúpala, chúpala —exclamó invitándome a ello mientras con las manos
la pajeaba muy suavemente.
Una invitación como esa resultaba imposible de rechazar. Allí y de pie frente a mí, le tenía
tieso y con la piel corrida viéndose el grueso champiñón necesitado de nuevas caricias.
—Cómemela pequeña, cómemela —la voz hecha un ronco murmullo.

Ambos hablábamos en voz baja, apenas perceptible en el silencio de la habitación. Echándole
el caliente aliento al soplarle sobre el glande, noté como aquello se empinaba como si así
aceptara lo que le hacía. La boca muy cerca pero todavía sin tomarla, mirándole a los ojos le
sabía sufrir esperando mi caricia. Me encantaba verle sufrir, ahí tan fuerte y poderoso y a la vez
tan débil e inseguro bajo el poder de mis manos.

Y ahora si abrí la boca, sacando la lengua y dejando la polla entrar entre mis fauces
hambrientas y deseosas de él. Un gruñido le escuché lanzar, los ojos cerrados al comenzar asaborear el musculoso sexo. Rozándole el glande con la lengua, pasándole los labios por encima y

de nuevo adentro metiéndomela más de la mitad. Me costó un tanto, todavía no acostumbrada a lo
dilatado del recio animal. Abriendo la boca cuanto pude y chupando y succionando del inflamado
capuchón. Empezando a disfrutarlo, murmurando ahogada por la fuerza que me llenaba la boca.
Adentro y afuera, frotándole la lengua por debajo en el interior. Corriéndola luego arriba y abajo a
lo largo del miembro. Grueso, brillante de mis babas, palpitante y espléndido.
—¡Es enorme! —exclamé al sacarla de la boca.

Una vez más adentro y ayudándome con los dedos por todo el tallo. Moviendo la mano en
círculos mientras con los labios atrapaba la cabeza sin darle respiro. Más deprisa esta vez,
haciendo la presión mucho más intensa. Natalio respiraba con dificultad, la saliva corriéndole la
boca seguramente reseca. Tomando yo el glande envuelto con los labios y dejándolo escapar
levemente, masturbándole con desesperación viéndole tan entregado y excitado.

La mano en el cabello me lo tomó por detrás, acariciándomelo, alborotándomelo entre los
dedos de forma amorosa. La mano adelante y atrás, resbalando lenta y premiosa por el grueso
dardo. Abriendo la boca y tragando buena parte del mismo. Me encantaba hacerlo. Empezaba a
hacérselo más rápido, haciéndola correr entre los labios y los dedos.

Con las manos en la cabeza
me obligaba a comérmela prácticamente entera. Ciertamente me costaba por su tamaño y grosor
pero no la quería dejar por nada del mundo, chupando y succionando sin descanso. Varias arcadas
me dieron, dejando correr las babas por encima al sacármela de la boca.

Una noche loca – Liah Jones.epub
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