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¡Préstame a tu hermano!

 Sinopsis del libro 

Angie ha tenido que renunciar a muchas cosas por su familia; aplazó sus estudios de enfermería por cuidar de su abuelo enfermo, no se independizó para poder cuidar de su abuela… Y ahora ni siquiera tiene suficiente dinero para arreglar el tejado de su casa en plena temporada de tormentas. Pero no todo está perdido. Ha hecho nuevas amigas, y estas están dispuestas a ayudarla a superar este bache. Entre ellas María, que no dudará en prestarle a su hermano Álex para solucionar su problema.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Préstame a tu hermano (Spanish Edition)
    Autores: Iris Boo
    Tamaño: 0.95MB
    Nº de páginas: 590
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro Gratis ¡Préstame a tu hermano! – Iris Boo

Angie
Ver a Álex bebiendo de su taza de cacao, con la vista perdida en el
horizonte, trajo un escalofrío a mi columna. Era tan parecido a aquella vez… Sí,
no llovía, pero estaba oscuro. Y su silueta se veía imponente desde la puerta de
atrás de la casa. Aquella vez tenía que haberme servido de aviso, pero sentía que
algo había cambiado, algo… se había abierto entre nosotros. O eso creía. Ojalá
no me equivocara.
—Es tarde.
—Enseguida me voy. Solo quería ver el anochecer un ratito más. Tienes
algo increíble aquí. Lo sabes, ¿verdad?
—Es mi pequeño secreto, sí. Eh… estaría bien si quisieras quedarte a
dormir. —Álex se giró hacia mí. Sus cejas arrugadas me indicaban que quería
saber de dónde había salido aquella sugerencia.
—Yo… no tengo una razón que darle a la abuela de por qué no he traído
mi moto del trabajo.
—Sí, sería más normal que yo te llevara mañana, después de pasar aquí la
noche, que venir a buscarte temprano para llevarte al trabajo.
—Sin explicaciones, es mejor.

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—Sí.
—Buscaré…
—No pienso ponerme el pijama de tu abuelo. Por eso no paso otra vez.
—Pero…
—No te preocupes, tengo algo de ropa en la camioneta.
—Vale, iré a preparar la habitación.
—Yo aprovecharé para atrapar un último vistazo de las estrellas en el
horizonte. ¡Quién sabe cuándo volveré a tener una vista así a mi alcance! —
Asentí con la cabeza y entré de nuevo en la casa.
Álex
Abrí los ojos y me orienté. ¡Mierda, otra vez no! Aquella no era la
habitación en la que me había acostado la noche anterior. Empecé a recordar
cómo había acabado allí. Me desperté en mitad de la noche, sintiendo una
corriente de frío, pero en vez de taparme mejor con las mantas me puse en pie y
me fui al ventanal del salón. ¿Para qué? Para ver si las puestas se habían abierto
y aquella era la razón del frío. No, estaban cerradas; pero podía sentir la pequeña
corriente que se filtraba desde el otro lado. Las junturas estaban desgastadas,
había que poner un nuevo aislante. Regresé a mi cuarto, pero me detuve frente a
la puerta de Angie. ¿Es que esta mujer no cerraba la puerta? No, era evidente
que no. ¿Cómo podría oír a su abuela llamarla con las puertas cerradas? Sentí el
frío de la habitación llegar hasta mis brazos.

Allí también habría que revisar el
aislamiento de las ventanas. Me acerqué a Angie y recoloqué la manta, pero al
hacerlo rocé su piel fría. La postura ovillada ya me tenía que haber dado una
pista. Solté una maldición interiormente y me colé bajo la manta a su lado. Su
cuerpo se acercó al mío buscando desesperado aquel calor y yo la aferré a mí
como si fuera una lapa. La sentí relajarse bajo mi mano y me sentí orgulloso de
ser yo quien había hecho aquello. Cerré los ojos un momento y, cuando los abrí,
casi me sorprendió el amanecer.
Con cuidado, me despegué de su cálido contacto y me retiré de la cama.
Salí disparado de la habitación y me dirigí al porche trasero. Y no, no era porque
deseara ver el amanecer de aquel día, era porque, como ocurre con todos los
hombres, me había despertado con una erección que haría envidiar a la
mismísima Torre Eiffel. Y mira que me había levantado así veces, pero quizás
fuera por hacerlo junto al calorcito de Angie, pero nunca había estado así de…
necesitado y dolorido. ¡Joder!
—Buenos días. Hace un poco de frío para andar en calzoncillos ahí afuera.
—Genial, y ahora Lupe no solo se escandalizaría por ver a un hombre casi
desnudo en su porche trasero, sino que lo vería en pleno estado de excitación.
—Buenos días. Solo estaba… admirando el paisaje. La otra vez que estuve
aquí me perdí el espectáculo.

—Sí, un espectáculo fascinante.
No me giré hacia ella, tan solo la respondí por encima del hombro.
¿Grosero? Sin duda, pero prefería ser aquel tipo de grosero a ser un depravado.
Algo en su voz me dijo que ella no se estaba refiriendo al mismo espectáculo
que yo. ¡Joder, aquella vieja lo sabía! ¡Joder, joder, joder!
—Voy a hacer el desayuno. Angie se levantará pronto y quiero prepararle
algo rico. Ayer parecía un poco cansada cuando llegó a casa. Seguro que fue un
día duro en el trabajo.


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