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Tres coronas oscuras

 Sinopsis

EN CADA GENERACIÓN DE LA ISLA DE FENNBIRN NACEN TRILLIZAS… …y las 3 son reinas, herederas en partes iguales de la corona, cada una poseedora de una magia codiciada.

Mirabella es una elemental fiero, capaz de encender llamaradas insaciables o bien tormentas brutales con un chasquido de dedos. Katharine es una envenenadora, alguien que puede ingerir los venenos más mortales sin más que un dolor de panza.

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De Arsinoe, una naturalista, diríase que tiene la habilidad de hacer florecer la rosa más roja y supervisar al más salvaje de los animales. Pero transformarse en Reina Coronada no es solamente una cuestión de nacimiento real.

Cada hermana debe luchar por esta razón. Y no es únicamente un juego en el que se gana o bien pierde… es vida o bien muerte. La misma noche en que las hermanas cumplen dieciséis años empieza la batalla. LA ÚLTIMA REINA EN PIE SE QUEDA CON LA CORONA.

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Dos mujeres dan vueltas en torno al bloque de madera. Golpetean los dedos contra los brazos cruzados, y sus pisadas resuenan en el frío y duro piso de madera. 

-Se le ven las costillas-afirma Genevieve, y las golpea apenas, como si pudiese atemorizar a los huesos bajo la piel. Y aún es tan pequeña. Las reinas pequeñas no inspiran mucha confianza. El resto del Concilio no deja de musitar sobre ello 

Estudia a la reina con desagrado, los ojos demorándose en todos y cada imperfección: las mejillas hundidas, la piel pálida. Las costras que consiguió por haberle frotado roble venenoso que aún le estropean la mano derecha. Pero ni una cicatriz. Siempre son cautelosas con ese tema. 

-Baja los brazos ordena Genevieve, y le da la espalda. 

Antes de hacerlo, la reina Katharine mira a Natalia, la mayor y más alta de las hermanas Arron. Natalia asiente, y la sangre retorna a la punta de los dedos de Katharine. 

-Esta noche deberá utilizar guantes -afirma Genevieve. Su tono de voz es sin duda crítico. Pero es Natalia quien determina el entrenamiento de la reina, y si Natalia desea frotar las manos de Katharine con roble venenoso una semana ya antes del aniversario, de esta manera se va a hacer. 

Genevieve levanta un mechón de pelo de Katharine. Luego lo tironea de forma fuerte. 

Katharine parpadea. Fue picada por las manos de Genevieve una y otra vez desde el momento en que se paró sobre el bloque. En ocasiones esta la sacude con tanta fuerza que semeja tal y como si quisiese que se cayese para poder desafiarla por los moratones. 

Genevieve le tira del pelo de nuevo. 

-Al menos no se te cae. ¿Pero de qué manera puede el cabello negro tener tan poco brillo? Y es tan pequeña. 

-Es la más pequeña y joven de las trillizas –responde Natalia con su voz calma y profunda—. Algunas cosas, hermana, no puedes cambiarlas. 

Cuando Natalia da un paso al frente, es bastante difícil para Katharine no seguirla con la mirada. Natalia Arron es lo más próxima a una madre que nunca va a tener. Fue en su falda de seda que Katharine se escondió, a los 6 años, a lo largo de todo el viaje desde la Cabaña Negra hasta su nuevo hogar en la Mansion Greavesdrake, sollozando por haber sido alejada de sus hermanas. Ese día Katharine no tuvo nada de reina. Pero Natalia la permitió. Dejó que llorara y que le arruinase el vestido. Le acarició el pelo. Es la memoria más temprana de Katharine. La única vez que Natalia le permitió portarse como una pequeña. 

En la luz inclinada y también indirecta de la sala, el moño rubio helado se ve prácticamente plateado. Pero no es vieja. Natalia jamás va a ser vieja. Tiene demasiado trabajo y demasiadas responsabilidades para dejarlo. Es la cabeza de la familia de envenenadores Arron, y la integrante más poderosa del Concilio Negro. Está criando a la nueva reina. 

Genevieve sosten la mano envenenada de Katharine. Sigue la trama de las costras hasta el momento en que halla una grande y la arranca hasta hacerla sangrar. 

-Genevieve -advierte Natalia, es ya suficiente. 

_Los guantes van a estar bien, supongo – afirma Genevieve, si bien aún se ve molesta—. Guantes hasta los codos que le van a dar algo de forma a los brazos. 

Suelta la mano de Katharine, que rebota contra la cadera. Hace más de una hora que está parada sobre el bloque, y aún queda mucho día por delante. Demasiado hasta la medianoche, su celebración y el Gave Noir. El banquete del envenenador. Su estómago se entrecierra de solo pensarlo, y se estremece ligeramente. 

Natalia frunce el ceño. 

-¿Estuviste haciendo ayuno?-pregunta. -Sí, Natalia. -¿Nada salvo agua y avena diluida? –Nada. 

Nada para comer salvo eso a lo largo de días, y tal vez no sea suficiente. El veneno que va a tener que consumir, en enormes cantidades, podría aun superar el adiestramiento de Natalia. Por supuesto, no sería nada si el don envenenador de Katharine fuera poderoso. 

Parada sobre el bloque, las paredes de la sala obscura se le hacen pesadas. La presionan cara dentro, con el peso de todos y cada uno de los Arron encima. Han venido de todas y cada una unas partes de la isla por esto. El decimosexto aniversario de las reinas. Greavesdrake acostumbra a parecer una gran caverna sigilosa y vacía, salvo por los sirvientes y Natalia, los hermanos de Natalia: Genevieve y Antonin; y los primos de Natalia: Lucian y Allegra, cuando no están en sus casas de la urbe. Hoy en cambio la mansión está escandalosa y llena de ornamentos, cargada de venenos y envenenadores. Si una casa pudiese sonreír, Greavesdrake tendría una mueca guasona. 

-Más le vale estar lista – afirma Genevieve. Cada rincón de la isla se va a enterar de lo que ocurra esta noche. 

Natalia inclina la cabeza hacia su hermana. El ademán alcanza para trasmitir su entendimiento de las preocupaciones de Genevieve, y al unísono lo cansada que está de escucharlas 

Luego observa mediante la ventana y alén de las colinas hacia Indrid Down, la urbe capital. Las negras agujas gemelas del Volroy, el palacio donde habita la reina a lo largo de su reinado y donde reside el Concilio Negro de manera permanente, se elevan por sobre el humo de las chimeneas. 

-Genevieve, estás demasiado inquieta. 

-¿Demasiado inquieta? -responde . Estamos entrando al Año de Ascensión con una reina enclenque. Si perdemos… ¡Yo no volveré a Prynn! 

La voz de su hermana es tan aguda que Natalia se ríe. Prynn. Alguna vez fue la urbe de los envenenadores, mas ahora solo los débiles habitan allá. La capital entera de Indrid Down ahora es suya. Lo ha sido durante más de cuatrocientos años. 

-Genevieve, jamás has ido a Prynn. -No te rías de mí. -Entonces no seas jocosa. En ocasiones no sé de qué charlas. 

Mira mediante la ventana, cara las agujas negras del Volroy. Hay 5 Arron sentados en el Concilio Negro. En 3 generaciones jamás ha habido menos de 5, situados allá por la reina envenenadora en el poder. 

-Solamente te cuento lo que te puedes haber perdido, por lo general tan lejos de los temas del Concilio, mientras que entrenas y permites a nuestra reina. 

-No se me escapa nada –responde Natalia, y Genevieve baja la mirada. 

–Por supuesto. Lo siento, hermana. Es solo que el Concilio está cada días un poco más preocupado, con el apoyo abierto del Templo a la elemental. 

-El Templo está para días festivos y para rezar por pequeños enfermos –Natalia da la vuelta y apoya el dedo bajo el mentón de su hermana-. Para todo lo demás, la gente mira al Concilio. ¿Por qué no vas a los establos y montas un rato, Genevieve? -le sugiere — Te aliviará los nervios. O bien retorna al Volroy. Hay temas que seguramente requieren atención. 

Genevieve cierra la boca. Por un instante, pareciese que va a desobedecerla o bien a sopapear el semblante de Katharine, solo para calmar la tensión. 

-Es una buena idea – afirma al fin. Te voy a ver esta noche entonces, hermana. 

Las rodillas de la delgada chica tremen mientras que desciende del bloque, cuidadosamente para no tropezar. 

Ve a tus habitaciones – afirma Natalia, y se distancia para estudiar un manojo de papeles encima del escritorio -. Enviaré a Giselle con un cuenco de avena. Luego solamente salvo unos sorbos de agua. 

Katharine inclina la cabeza y hace media reverencia que Natalia observa por el rabillo del ojo. Pero se retarda. 

—-¿Es tan… es tan malo como afirma Genevieve? –pregunta Katharine. 

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