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Un amor de otra galaxia

 Sinopsis

Nos cuenta el éxodo de una parte privilegiada de la humanidad, en pos de un planeta donde subsistir, a raíz de la destrucción de la Tierra. Jane, una cronista muy valiente y Jack, el conduzco, van a vivir una muy caliente relación a bordo de la nave que se va a ver truncada por los

acontecimientos. Nuestra protagonista descubrirá los planes ocultos de los humanos poderosos, mas no va a poder eludir el desastre que se les aproxima. Wine es uno de los seres alienígenas que va a recibir a los humanos y que se interpondrá entre Jane y Jack, formando un triángulo cariñoso con un impredecible final, tanto para ellos 3 para el resto de los humanos.

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Los siguientes días pasaron veloz, hacíamos nuestras labores mientras que
sostenía una lucha interna con mi subconsciente y conmigo misma. La
reportera de mi interior deseaba subir todos y cada uno de los días al puente de mando para
estar con Jack. Unas veces ganaba la reportera y otras, ganaba . El primer
día que perdí la lucha interna con la reportera, y subí a ver a Jack, estuvimos
hablando. Me mostró muchas cosas sobre el espacio y de la nave. Cuando
me iba de allá aquel día, me di cuenta que mi humor había mejorado
bastante respecto al día precedente.
Así que dejé de pelear conmigo misma y subí a verle al día después.
Aquella mañana me hallaba más animada mientras que iba al puente de mando.
—Hola, buenos días… —saludé mientras que atravesaba el obscuro corredor.
No hubo contestación alguna. Así que me adentré, poquito a poco y con
sigilo, en el puente de mando, enseguida San me dio la bienvenida.
—Buenas días, Jane. El comandante en estos instantes está algo
ocupado.
—¿Está en su habitación? —pregunté a San.
—Sí, y no desea que se le moleste —contestó realmente seria.
—Ya lo imagino, si bien quizás no piensa que mi visita sea una molestia,
entraré con tu permiso o bien sin él.
—No puedo dejarlo, señorita Jane —dijo la voz mecánica.
—Intenta impedírmelo —amenacé.

En ese instante y como surgida de la nada, una pantalla grande y plana
se plantó delante de mí bloqueándome el paso. Asustada, pegué un salto cara
atrás, para separarme. En la pantalla vi el semblante de San, estaba muy sería.
“¿Será esa su expresión normal?”, me pregunté internamente. En ese instante,
Jack salió de su habitación.
—¿Qué ocurre, San?
—Nada comandante, una visita inopinada. Le he dicho que no deseaba
ser molestado, mas insistía. Me he visto obligada a ponerme en su camino.
—Gracias San. Lo siento Jane, la verdad es que tengo mucho jaleo y
descansaba un rato, de ahí que no deseaba ser molestado. Me ha semejado percibir
tu nombre y he salido para poder ver que ocurría.
—No pasa nada, pensé que mi visita no te incordiaría. Me voy, veo que
estás muy liado.

Su expresión me desconcierta, no me mira a los ojos y no semeja haber
estado durmiendo. Respira realmente fuerte y se le ve febril, su piel reluce
bañada por una fina capa de sudor, que cubre sus hombros y brazos. “Ha dicho
que descansaba, no que durmiese. El ejercicio libera, el cuerpo y la mente”,
apunta mi subconsciente.
—Te lo agradezco, ¿nos vemos después?
—Sí, nos vemos entonces. Hasta otra San —me despido.
Pero ya antes de marcharme por último de allá, me paro al lado de la puerta al
final del corredor, mi intuición me dicta que me quede para percibir la
charla que continua en el puente de mando cuando piensan que ya me he
marchado.

—Ha faltado poquísimo San —le escucho decir a Jack.
—Espero que no se enfade con lo que diré, mas a lo mejor,
debería tener más cuidado con sus visitas.
“¿Estarán hablando de mí?”, me pregunto a mí. “¿O bien quizás tiene
otras visitas?”, pregunta con maldad, mi reportera interior.
—¿Ya puedo salir, Jack? —preguntó en ese instante una voz femenina.
La reconozco de forma inmediata, y me quedo allá plantada en silencio,
escuchando la charla incluso a sabiendas de que lo que iba a percibir, me iba a
hacer padecer. La chavala que estaba en su dormitorio, era Simona. Otra vez se me
había anubarrado el juicio y no lo había visto venir.
—Sí, ya puedes salir—contesta Jack.
—¿Qué ha pasado? —pregunta la modelo.
—Una visita.

—¿Cuántas amigas tienes, Jack? —pregunta , entretenida.
—No tengo amigas, Simona —espeta Jack tajante, semeja que la
charla con ella no le complace mucho.
“Sí, le complacen otras cosas”, comenta maliciosa la reportera de mi
interior, ahora se ha transformado en una harpía. La veo volando sobre Simona,
con sus garras inficionas abiertas, y dispuestas para capturarla.
—¿Ah no, entonces que soy para ti? —pregunta la modelo.
Al percibir aquello, me debí tapar la boca a fin de que no se escapase
la risa, que conminaba con salir. “Lo lleva claro si pretende que Jack le ponga
nombre, a lo que sea hay entre ellos.”, le comento a la reportera de mi
interior.—Una pasajera de la nave, solo eso —sentencia Jack.
—Puedo soportarlo… —dice , con desinterés.

—No hace falta, esto no volverá a acontecer.
“Esto es nuevo, se siente culpable de acostarse con otra”, le digo a mi
subconsciente. En aquellos instantes, mi subconsciente y , estábamos
demasiado en consonancia una con otra, aquello me hacía sentirme más
sosegada y segura, sentía que podía dividir los sentimientos.

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