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Un amor para olvidar

 Sinopsis del libro 

Ernesto es un arquitecto barcelonés. Un empresario guapo y atractivo, dueño de hoteles y adquisiciones inmobiliarias. Poco esperaba que en uno de sus aburridos viajes de negocios, en la estación del Ave de Madrid, tendría que conocer a Carmen, la mujer que le cambiaría la vida.

Carmen es una chica sevillana. Da clases en una academia y escribe libros de poesía. Su talento la ha llevado a Madrid a recoger el premio Alcalá de Henares. Nada le hacía sospechar al iniciar el viaje que conocería a un apuesto hombre de negocios y que pasaría junto a él un fin de semana maravilloso en Sevilla.
Desgraciadamente la aventura romántica termina antes de empezar. Ernesto tiene que volver a Barcelona y Carmen se queda sola en Sevilla… embarazada.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Un amor para olvidar
    Autores: Erina Alcalá
    Tamaño: 1.40MB
    Nº de páginas: 721
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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en pdf o epub Gratis

Ernesto, entró en su despacho, después de seis meses y pico de recorrer el
resto de los hoteles que tenía esparcidos por el mundo y se sintió en casa.
Estaba cansado de fiestas y reuniones casi a diario, de trabajo y necesitaba
paz y tranquilidad. Llamó a su secretaría y se propuso avanzar en el trabajo y
las reuniones para poner al día todo el papeleo y poner a punto la oficina.
Llevaba ya dos semanas en Barcelona y había descansado, no había
acudido a ninguna fiesta y se había quedado en casa los fines de semana.
Lo había necesitado. Ese descanso, aunque no habían sido vacaciones, le
había venido estupendamente.
Descanso, piscina, alimentarse sano y dormir al menos ocho horas diarias.
Estaba cargado de energía de nuevo y sobre todo, estaba en casa.
Todo iba marchando a la perfección, cuando el miércoles, Albert entró en
su oficina.
―No llames, que puedo estar ocupado ―le dijo con ironía.
―Pero no lo estás ―siempre optimista y contento―. Te traigo dos
entradas para el evento poético que tendrá lugar el viernes. Después hay
canapés.

―No me interesan esos eventos. Vengo cansado de meses de fiestas.
Llevo dos semanas de ermitaño y estoy muy bien así. No sabes lo descansado
que estoy.
―Es en nuestro hotel. Deberías estar como dueño, amo y señor. Ya sabes
que es muy importante y nosotros colaboramos con los premios. Alguien
tiene que ir. Y yo no puedo. Tengo una cita. Una chica guapa y tenemos
planes. Nos vamos el fin de semana.
―Me lo pensaré. Alguien debe ir, pero me molesta tener que ir a esos
eventos tan aburridos. En fin, si no hay más remedio. Me aburriré. Ya lo
verás. Pasaré un rato, felicitaré a los ganadores, a los gestores del Certamen y
me voy a casa.
―Por eso, lleva a Cecilia, una rubia guapa de tu brazo hará que la prensa
cultural, nos trate bien como colaboradores. Alguien tiene que representarnos
y nadie mejor que tú. Además, Cecilia ha preguntado por ti y me ha dicho
que no le has cogido el teléfono.

―No se lo he cogido a nadie. Y no la llamaré. No iré con nadie. Iré solo.
No quiero compromisos. Pero que conste que me apetece estar en casa. Y
nada, nada verla. Ni a ella ni a ninguna.
―Te has vuelto muy casero y un monje desde que llegaste. Por esos
mundos de Dios ibas siempre acompañado.
―Tú lo has dicho, acompañado, nada más. Nada de sexo. Tengo la moral
baja.―
¿Te has vuelto un monje sin sexo, de verdad? No me lo creo. ¿No será
por la sevillana? Desde que volviste de Sevilla estás raro y si en Nueva York
has sido un monje. Bueno, Chao, Chao, ya me contarás el lunes, que tengo
mucho trabajo y una llamada importante que hacer.― se fue deprisa para que
Ernesto no lo echara o le dijera algo con la mirada que le había echado.
Ernesto se quedó pensando en lo que le había dicho su amigo Albert. Sí,
era por la sevillana, Carmen. Había pensado en ella todos los días, todos.
No es que no le hubiese apetecido tener sexo ese tiempo, pero no lo había
tenido. No por necesidad, sino porque cuando pensaba en la sevillana
peligrosa, se le quitaban las ganas de volver a lo anterior, a su vida vacía de
sexo sin sentido.

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Ni siquiera esas altas mujeres y guapas chicas con las que había salido
antes, le atraían. Perfumes y tacones altos, largas piernas que te abrazaban en
las noches
Prefería pensar en ella y también era satisfactorio el sexo consigo mismo.
Siempre estaba ella.
Quizá después de todo la llamara el lunes, ahora que estaba de vuelta,
podía ir un fin se semana a Sevilla, si no salía con nadie y verla.
La echaba de menos. Podían mantener incluso una relación a distancia. Él
podía bajar todos los fines de semana, siempre que no estuviera de viaje de
trabajo.
Quería poseerla de nuevo y hacerle el amor hasta que perdiera la noción
del tiempo. Lo tenía loco.
No sabía qué era eso, pero esos casi siete meses en los que no la había
visto, la había echado tanto de menos… Y eso era raro en él.
Se pasó las manos por la cara y por el pelo. Estaba raro, indudablemente,
ya no era el mismo Ernesto.
El viaje en tren transcurrió de forma deliciosa el viernes para Carmen. Se
le hizo corto, ya que entabló conversación con varias personas y se le pasó
volando. Era muy extrovertida y hablaba con todo el mundo.
Tomó un taxi en la estación del Ave de Barcelona hasta el hotel. El taxista,
le iba explicando como un guía turístico por donde pasaban y ella miraba
embobada esa ciudad que le pareció maravillosa. Nunca había visitado esa
ciudad.

―¡Qué bonito es todo!
―¿Nunca ha venido a Barcelona?
―Nunca, esta es la primera vez, pero me encanta.
―Tiene que verla. Es preciosa. Hay algunos monumentos espectaculares.
―Sí, seguro que intentaré ver todo lo que pueda. Lo primero, la Sagrada
Familia.
―Esa le va a gustar. Bueno, ya hemos llegado.
Se despidió del taxista, que había sido muy agradable. Cogió su maleta y
entró en el hotel.
El hotel era idéntico al de Sevilla y la habitación tenía vistas a la Rambla.
Dejó su maleta de fin de semana y se asomó a la ventana. La gente iba y
venía. Se veían puestos de flores. Había vida.
Colocó la ropa y bajó a almorzar a un bar cercano. Luego decidió
descansar y echarse una siesta. Siempre se había echado una siesta corta, pero
desde que estaba embarazada, el sueño la podía.
Incluso tenía que poner la alarma del móvil porque si no, se quedaba
dormida para ir al trabajo, así que se echó y puso la alarma del móvil porque
a las ocho de la tarde daría comienzo la gala.


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