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Una mujer de suerte – Nora Roberts

Una mujer de suerte - Nora Roberts

Una mujer de suerte Sinopsis

La vida y los amores de la extraordinaria familia MacGregor. Cuando Darcy Wallace se gastó sus últimos tres dólares en el casino y ganó un bote de casi dos millones de dólares, el director del casino, Robert MacGregor Blade, decidió vigilarla. Pero había algo en aquella mujer que se metió bajo la piel de Mac haciendo estrag os en sus buenas intenciones. Si quería conseguir a aquella mujer, tendría que arriesgarse en uno de los juegos más importantes de su vida…


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Él podía enviarle hectáreas de flores y miles de notas, pero eso no
cambiaría un ápice las cosas. Ahora sabía hacia dónde se dirigía. Tan pronto
terminara el borrador del libro, pensaba ir a una agencia inmobiliaria. Tenía
la intención de comprar una casa, grande y de color arena, y que estuviera
orientada hacia el misterioso desierto y la majestuosa cordillera. Tendría
piscina y claraboyas. Siempre había querido tener claraboyas.
El deseo de establecerse allí no tenía nada que ver con Mac, se dijo. Le
gustaba ese lugar, los vientos cálidos, el desierto infinito y el ambiente vital y

promisorio que se respiraba. Las Vegas era la ciudad de más rápido
crecimiento de Estados Unidos, y estaba considerada como una de las más
agradables para vivir. Por lo menos, eso decía la guía del hotel que
descansaba sobre la mesita de su habitación.
¿Por qué no vivir allí?
Cuando el teléfono sonó, frunció el ceño. Si era Mac pensando que estaba
mínimamente interesada en hablar con él, ya podía esperar sentado. Ignoró el
timbre, se encogió de hombros y se metió de lleno en su novela.
Mac se paseaba inquieto de un lado a otro de su oficina mientras su madre
revisaba las reservas de los seis meses siguientes.
–Está a tope.
–Mmm –no era capaz de concentrarse, y eso le ponía furioso.
Simplemente había querido advertirla de la tendencia a los tejemanejes de
la que adolecía su abuelo. Por su propio bien, pensó, mientras caminaba de
una ventana a otra, como si por eso fuera a ver mejor. Y se había disculpado
en varias ocasiones, pero ella no había tenido ni siquiera la cortesía de darse
por enterada.
Había estado a punto de utilizar su llave maestra y franquear el control de
su ascensor privado. Pero eso, se recordó a sí mismo, hubiera sido una
imperdonable violación de su intimidad y un abuso de su puesto como
director del Comanche.
Pero ¿qué demonios estaba haciendo en esa suite? No había salido a comer
desde aquel desayuno en la azotea. No había puesto pie en el casino, ni en
ninguno de los salones. Seguramente estaba enfurruñada. Decidió que era una
reacción muy poco atractiva, pero no pudo evitar enfurruñarse él también.
–Eso me pasa por tratar de protegerla –murmuró.
–¿Qué dices? –Serena lo miró antes de sacudir la cabeza. Se había dado
cuenta perfectamente de que su hijo no le había dedicado la menor atención
en la última hora–. Mac, ¿qué te pasa?
–No me pasa nada. ¿Quieres ver el programa de espectáculos?
Ella enarcó las cejas y agitó en el aire una hoja de papel.
–Ya lo estoy viendo.
–Ah, muy bien –replicó antes de volver a mirar por la ventana con el ceño
fruncido.
Tras emitir un suspiro, Serena apartó los papeles.
–Será mejor que me cuentes qué es lo que te preocupa, porque voy a darte
la lata hasta que lo hagas.
–¿Quién hubiera pensado que iba a ser tan cabezota?
Las palabras brotaron violentamente de su boca al tiempo que se daba la
vuelta.
–Si es capaz de ser tan obstinada, ¿cómo es posible que la manipularan
tanto?
Serena carraspeó y, tras cruzar las piernas, se echó hacia atrás. Las mujeres
raramente desconcertaban a Mac, pensó, y se lo tomó como una buena señal.
–Me imagino que estás hablando de Darcy.
–Por supuesto que estoy hablando de Darcy –exclamó con frustración–. No
sé qué diablos está haciendo, encerrada en su habitación día y noche.
–Está escribiendo.
–¿Escribiendo? ¿Qué quieres decir?
–Un libro –explicó Serena con paciencia–. Está intentando terminar el
primer borrador de su novela antes de ponerse en contacto con agentes
literarios.
–¿Cómo lo sabes?
–Me lo ha contado ella misma. Ayer tomamos el té juntas en su habitación.
Mac tuvo que hacer acopio de toda su capacidad de control para no
quedarse boquiabierto.
–¿Te dejó pasar?
–Por supuesto que me dejó pasar. La convencí de que hiciera un breve
descanso. Es una chica muy disciplinada y voluntariosa. Además, tiene
talento.
–¿Talento?
–Me dejó leer algunas páginas del libro que terminó el año pasado –los
labios de Serena esbozaron una sonrisa satisfecha–. Estoy impresionada; es
muy entretenido. ¿Te sorprende?
–No –Mac se dio cuenta de que no le sorprendía en absoluto–. Así que está
trabajando.
–Eso es.
–Eso no es excusa para mostrarse grosera.
–¿Grosera? ¿Darcy?
–Estoy harto de que me haga el vacío –murmuró.
–¿No te habla? ¿Qué le has hecho?
Mac le lanzó a su madre una mirada fulminante.
–¿Por qué das por sentado que le hecho algo?
–Cariño –se puso en pie para acariciarle la mejilla–, te quiero muchísimo,
pero eres un hombre al fin y al cabo. Ahora, cuéntame, ¿qué has hecho para
hacerla enfadar?
–Simplemente traté de explicarle cómo es el abuelo. Me los encontré a los
dos maquinando algo, y el abuelo empezó a darme la lata con que por qué no
llevaba a esa jovencita tan guapa a dar una vuelta en coche a la luz de la luna.
Ya sabes, el numerito de costumbre.
–Sí, ya imagino. Daniel MacGregor, el sutil –suspiró–. ¿Y qué es lo que
trataste de explicarle exactamente?
–Le dije que el abuelo quería que todos sus nietos sentaran la cabeza, se
casaran y tuvieran pequeños MacGregor, y que me daba la sensación de que
la había elegido para mí. Me disculpé por su actitud y le expliqué que yo no
estaba considerando el matrimonio y que no debería tomárselo en serio.
Serena se echó hacia atrás para observar mejor a su primogénito.
–Y pensar que de pequeño eras listísimo…
–Lo hice por su bien –replicó él–. Pensé que el abuelo estaba enredando.
¿Cómo iba a imaginar que ella había solicitado verle por temas de negocios?
Confieso que me equivoqué –se metió las manos en los bolsillos–. Me he
disculpado varias veces, le he enviado flores y la he llamado, pero nunca
contesta al maldito teléfono. ¿Qué demonios se supone que tengo que hacer?
¿Arrastrarme ante ella?
–No te vendría mal –murmuró Serena y, ante el bufido de su hijo, se echó a
reír–. Mac –rodeó la cara de su hijo con las manos–, ¿por qué te preocupa
tanto? ¿Sientes algo por ella?
–Me importa lo que le ocurra. Apareció por aquí como si fuera una
refugiada, por el amor de Dios. Necesita que alguien cuide de ella.
Serena lo miró fijamente.
–Quieres decir que tienes hacia ella sentimientos… fraternales.
Él dudó unos instantes.

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Ficha técnica

Título: Una Mujer de Suerte
Autores: Nora Roberts
Serie: VII de Los MacGregor
Nº de páginas: 601
Idioma: Español
OS: iOs, Android, Windows


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