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Zapatitos de tango

 Sinopsis

Novela sobre la noche tanguear de Buenos Aires. Una mujer de mediana edad, sumergida entre su vida profesional y su pasión por el baile del tango. El tango es el enorme hechicero que captura a personajes de todo género que comparten soledad y busca del amor.  Eugenia intuye que su majestad el tango, el enorme hechicero de la noche porteña la pueden asistir y allá se sumerge en la milonga, el cobijo caluroso para los gangueros que sueñan con encuentros ricos en emociones y llenos de vida

Ficha técnica

  • Título: ZAPATITOS DE TANGO
    Autores: Diana Couto
    Tamaño: 0.85MB
    Nº de páginas: 659
    Idioma: Español

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Mario rompía poquito a poco sus nudos con su país de origen, no
le interesaba, no extrañaba, la poca familia que le había quedado no la veía
nunca y absolutamente nadie lo había visitado. Tenía una relación difícil con la
argentinidad, no se sentía implicado en el lejano país. Su nacionalidad le
resultaba incómoda.
Después de haber visitado Italia, la zona del norte de donde ve- nían los
Pucci, había llegado a la conclusión de que el haber natural de Buenos Aires
había sido para él solo un accidente.
—No sé qué te pasa con Buenos Aires.
Le reprochaba a Eugenia sus permanentes nostalgias, lleno de saña, en frente de
las claras motivaciones que Eugenia esgrimía en lo que se refiere a su regreso.
—¿Sabés lo linda que ha de estar Buenos Aires?

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Eugenia soñaba con la vuelta, no podía meditar en otra cosa, con la ilusión que
le daba el inminente proyecto.
—¿Y los milicos? ¿Tenés idea de la carnicería que hacen? ¿Y el
peronismo, y la corrupción, y los líderes de terror? ¿Es ese el país que
querés darle a tus hijos, Eugenia? Por favor, dejate de joder; es una lacra, es
un país que siempre y en todo momento te traiciona, no te da tregua, vieses como están todos, sin
confort, viven como en el siglo 19, con esos autos de mierda, las sendas, los
trenes, nada marcha, es deprimente.
Mario era muy acentuado, su resquemor contra el país medraba conforme
aumentaba su determinación de no volver.
—¡Qué paradoja! Vos, el más anti-argentino, me metiste en el planeta de la
milonga. ¿De qué forma explicás semejante contradicción?
Durante los últimos meses se había instalado una bronca sueca entre los 2,
discutían todo el tiempo, Eugenia se tensaba para danzar, Mario la quería
llevar luciéndose , la trababa con el zapato, la ponía en la situación de tener

que pasar sobre sus piernas.
Eran escenas de celos bailados, donde la palabra era la enorme ausente,
imposible conversar como personas civilizadas.
Mario perdía su agudeza intelectual, se transformaba en un primate, obtuso,
ofuscado, le afloraba un primitivismo cavernario.
El regreso de Eugenia lo tenía desolado, era una pérdida dema- siado fuerte,
era su cable a tierra, su cobijo de identidad, algo que había armado muy

laboriosamente; perderla sería para él horrible, irremplazable.
—Por favor Marito, charlemos, no podemos finalizar de esta manera, peleados, estás hecho
un chaval, es increíble de qué manera te has puesto.
Eugenia deseaba enfrentar este enfrentamiento de una manera racional, para ella no era
simple, lo iba a extrañar horrores, estaba segura de que iba a ser durísimo, muy
bastante difícil no tenerlo cerca, prescindir de su compañía, mas eran adultos, carajo,
no se podía manejar como un pendejo boludo.

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